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Artículos en la categoría ‘Santa Misa’

10
Feb

Periódico Excelsior reporta Misa de la FSSP en el D.F.

   Escrito por: Felipe   en Creer en México, FSSP, Santa Misa

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Las misas en latín regresan a México
Héctor Figueroa A.

Un sacerdote católico habla en latín de frente a la figura de Cristo en el altar y da la espalda durante la misa a la feligresía, en una antigua capilla del centro de la Ciudad de México. Se escuchan cantos gregorianos y las mujeres se cubren la cabeza con velo. No es una imagen del México de hace medio siglo, sino de este 2010.

Con la anuencia del arzobispo primado de México, Norberto Rivera Carrera, la misa tridentina (así llamada por el Concilio de Trento de 1570), que cayó en desuso a finales de los años 60 del siglo pasado, se vuelve a practicar de forma periódica en el Distrito Federal.

Lo anterior, luego de que el 7 de junio de 2007 el papa Benedicto XVI emitiera un decreto para reinstaurar esta misa tradicional, en los lugares donde una comunidad lo demande, con objeto de preservar el antiguo rito, sustituido en 1965 por el Papa Pablo VI durante el Concilio Vaticano II.

En la antigua Capilla de las Ánimas, ubicada atrás de la Catedral Metropolitana, se ha restaurado el rito tridentino. La misa en latín se realiza desde este año al mediodía del primer domingo de cada mes y sus promotores están en busca de una iglesia donde dicha práctica quede fija.

La Fraternidad Sacerdotal de San Pedro (FSSP), Sociedad Clerical de Vida Apostólica de Derecho Pontificio, creada en 1988, promueve el regreso a la misa en latín en la ciudad, una vez de contar con la anuencia del Papa y del arzobispo de esta jurisdicción religiosa, el cardenal Rivera.

La misa celebrada el pasado domingo “de sexagésima”, con una asistencia cercana a cien feligreses, correspondió a la preparación para el tiempo de Cuaresma; se usaron ornamentos morados y la celebración fue presidida por el padre Kenneth Fryar.

Cada mes, el sacerdote viajará desde Guadalajara para oficiar la misa en latín en la Ciudad de México, gracias a la formación de un comité para la promoción de dicho rito, que pide a los asistentes a la capilla “vestir tan decorosamente como sea posible y a las damas, usar velo”.

Pero no sólo eso, como el proyecto para la reinstauración del acto litúrgico tradicional es a largo plazo, la FSSP continúa en la búsqueda de una iglesia del centro histórico que pueda albergar a más feligreses, y pretende formar un coro que cante en latín.

“Otras formas de cooperar en este proyecto son el entrenamiento de acólitos y de un coro de canto gregoriano. Ambos son indispensables para poder celebrar misa cantada”, se explica en un escrito distribuido a los asistentes el pasado domingo.

La celebración en latín, que fue de práctica común durante cuatro siglos, se realiza de acuerdo al Misal Romano de 1570 del papa Pío V, quien decretó que fuese unificado el rito de la Iglesia católica universal.

La misa tridentina constituye “el esplendor litúrgico del dogma católico” y fue reinstaurada por el papa Benedicto XVI para preservarla y acercar a grupos católicos que nunca dejaron de practicarla, como los lefebvristas.

Hace un año, el 24 de enero de 2009, el sumo pontífice levantó la excomunión a los cuatro obispos ordenados por Marcel Lefebvre, quienes habían rechazado el Concilio Vaticano II. El pontífice abrió la posibilidad del reencuentro al aceptar la práctica ordinaria de las misas en latín.

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19
Ene

Peregrinación litúrgica.

   Escrito por: Felipe   en Santa Misa, Tradicionalismo

En esta ocasión les comparto un segmento del testimonio que un joven seminarista que nos hizo llegar a la lista de correos de Una Voce México.

Soy un joven seminarista de 25 años que lleva 5 años tratando de ser dócil a las enseñanzas de Jesús para poder asumir con responsabilidad y gran compromiso y caridad el don del sacerdocio.

Crecí en una familia grande y católica, tengo 5 hermanos en el cielo y 5 hermanos en la tierra, tres de ellos son adoptados. Desde pequeño fui educado en la fe y crecí en un ambiente de piedad y de suma reverencia por los Sagrados Misterios. Sin embargo, nunca participé hasta que tuve 20 años en una Misa Tridentina. Recuerdo que de pequeño mis padres me enseñaron a rezar el rosario en latín y mi Padre me contó que mi abuelo antes de morir esuchó su última misa en latín y que estaba muy contento (en 1972). Esto era todo lo que yo conocía de la misa tridentina, unicamente sabía de la diferencia del idioma y de la orientación del sacerdote. Lo que les quiero contar es como participé en mi primera misa tridentina, y para ello tengo que explicar el contexto.

En el año 2005 Dios en su misericordia me perimitió vivir una experiencia que cambiaría mi vida. Se trataba de una peregrinación penitencial y apostólica en EUA. Se llamaba Crusade for life. Durante casi tres meses, un grupo de casi 20 jovenes, caminamos 850 millas, desde Escondido, California (al sur de San Diego) hasta Sacramento. En nuestro camino haciamos oración y penitencia para pedir perdon a Dios nuestro Señor por el pecado del aborto y su gracia para las personas en tentación de abortar. Visitamos parroquias y capillas, hablabamos con grupos juveniles y con matrimonios y con cualquier persona que encontraramos en el camino repartiendo rosarios y llevando el mensaje: You cant be catholic and pro-abortion. Fue una experiencia que realmente cambio mi vida, ahí discerní mi vocación y recibí de Dios la fuerza para dejar todo y seguirlo sólo a Él.

Durante esta experiencia pude descubrir muchas situaciones y elementos de la realidad eclesial que habían permanecido hasta entonces ocultas para mí. Algunas maravillosas (como la Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo) y otras no tanto, como las que les platicaré brevemente.

Iniciamos el camino hacia el norte, con gran animo y esperanza. Cuando dejamos la diócesis de San Diego atrás, en la que tuvimos una extraordinaria acogida por parte de los obispos y de los fieles, cuyos testimonios y reverencia en la oración, en el Santo Sacrificio de la Misa y en la adoración eran realmente edificantes, y nos íbamos acercando a la diócesis de Los Ángeles las cosas iban cambiando. Por primera vez supe con toda crudeza lo que era un abuso litúrgico y hasta un sacrilegio. Asistía a las misas católicas y me sentía fuera de lugar como si estuviera en una asamblea protestante… por primera vez, también, supe lo que era la Santa Cólera. En fin, no tengo que detallar mucho esto pues ustedes bien saben como son estas situaciones tan dolorosas para todos. Lo más doloroso fue el rechazo del Cardenal, el silencio del clero en el tema del aborto o de las relaciones pre-matrimoniales o las uniones homosexuales por instrucción del Ordinario (todo lo que quita raiting) y un par de situación realmente desagradables. La primera fue la participación en un Interfaith prayer service para pedir por el éxito del nuevo alcalde en ese entonces, Antonio Villaraigosa. Este alcalde, por cierto, era pro-choice y escandalosamente era recibido por el Cardenal en la Catedral para un evento de esta naturaleza. Yo ni siquiera sabía de qué se trataba un interfaith prayer-service, ni sus implicaciones teológicas, etc. En fin, llegamos a la catedral, ocupamos nuestros lugares, las señoritas de nuestro grupo se cubrieron con sus velos y nos pusimos de rodillas. Sorprendentemente inició una pseudo-procesión en la que ingresaron a la catedral el Cardenal, y algunos sacerdotes junto con representantes de otras religiones entre las que destacaban unos budistas junto con anglicanas y episcopalianas que entraban con sotana, sobrepelliz y estola. Los budistas y las pseudo-ministras ocuparon lugares en el santuario, en el presbiterio. Los budistas bailaron alrededor del altar y se hicieron lecturas del Rij-Veda en el ambón. Fue una profanación. Yo y mis amigos solamente llorábamos y nos lamentábamos (literalmente). En fin, resaltaba en el fondo de este alegre encuentro unos sencillos sollozos y lágrimas de unos pobres muchachos entre 18 y 24 años que veían pisoteada su fe y profanado el templo santo de Dios en donde se debería de glorificar su nombre día y noche. Me sentí traicionado. No era una profanación realizada por enemigos o paganos como las que se hicieron en la guerra cristera, pues era permitida y promovida por un obispo al que además, como tal, le debíamos respeto y reverencia. No tengo que explicarles más como me sentí fue algo terrible. Salimos de la catedral y continuamos nuestro camino.

Inmediatamente después tuvo lugar la segunda experiencia negativa. Al llegar a la siguiente parroquia nos dimos cuenta de que el Padre cambiaba la receta de la materia del pan para la Santa Misa, agregándole unas gotas de miel y algunos otros elementos. Lo confrontamos y le mostramos el CIC de 1984 en donde se señalaba que la materia debe ser hecha sólo del trigo y agua y preferentemente por religiosas lo que el padre respondió diciendo que en muchos lugares de la diócesis se seguía esa formula y con la aprobación del obispo, siguiendo algún texto del Levítico en donde se expone la receta de los panes de la presencia. El asunto era gravísimo pues bien sabemos que para que la misa sea valida, ya no hablemos de abusos o de celebraciones indignas, la materia tiene que ser íntegra, tal cual lo prescribe el derecho. Esto me llevó a una crisis tremenda pues al estar delante del sagrario no sabía si Jesús estaba ahí o no. En fin, seguimos caminando y a medida que íbamos dirigiéndonos al norte, (alejándonos de la diócesis y aproximándonos a otra) las cosas iban cambiando. Empezaba a haber menos abusos litúrgicos, había celebraciones más solemnes y reverentes y capillas más dignas y decorosas. La violencia en mi alma iba disminuyendo al entrar en un territorio más ortodoxo, y yo recuperaba la paz. Había recibido una herida en lo más profundo de mi ser, herida que aún permanece en mí como aquellas heridas de antaño que con los cambios de temperatura vuelven a doler.

tridentine-mass-006De pronto una de mis amigas, ahora felizmente casada, me comentó que asistiríamos a una misa en latín. Ella estaba muy contenta y me empezó a explicar el rito para prepararme. Llegamos a la parroquia y en la puerta de la entrada había dos documentos enmarcados y pegados. El primero era la bula de San Pio V por la que se promulgaba el misal romano, el breviario romano y el catecismo tridentino cono norma universal de la Iglesia para el Culto divino y para la enseñanza. La segunda era un decreto del obispo diocesano concediendo el indulto a la parroquia para que se celebrasen los sacramentos según los textos tridentinos. Me regalaron un Misalito que todavía conservo y participé por primera vez en la misa antigua. Cuando terminó yo estaba maravillado, se me presentó delante de mi con toda claridad el misterio de la cruz y su relación con el culto divino, el templo de Jerusalén y el sacerdocio. Veía como Jesús no abolió el culto antiguo sino que lo llevó a plenitud ofreciendo el único sacrificio de valor infinito que podía pagar la deuda infinita de nuestros pecados y era el mismo que se ofrecía en el altar. No había estado yo como Juan y María en el calvario pero ESTABA AHÍ… desde entonces nunca he participado igual en la Santa Misa. Me emocioné muchísimo y quería saber más, le comenté a mi amiga mi experiencia y me dijo: y eso que fue una “low mass” cuanto me hubiera gustado que hubiera sido una “high mass”. Si, fue una misa rezada y no una misa cantada, al final la misma misa, la de Jesús, la misma a la que había participado desde pequeño, pero en otro lenguaje más misterioso y solemne con suma reverencia. Curiosamente éste mismo misterio me quitaba un cierto velo de los ojos y entendí el drama de la Santa Misa. Dios se hace hombre y muere por nosotros. Lo había repetido desde niño, lo sabía, lo creía, lo anunciaba, sin embargo lo había visto pero no lo había visto, ahora en verdad que lo había visto.

Yo estaba muy contento y recuerdo que le pregunté al lider del grupo que quería ser sacerdote que si cuando fuera sacerdote iba a celebrar la misa tridentina y él me respondió: Preferiría celebrar la misa de Paulo VI pero bien celebrada. Yo me sorprendí pues si había algún conocedor de la misa tridentina era él y hablaba maravillas de ella.

En fin, seguimos nuestro camino y como a las dos semanas nos volvieron a invitar a una misa tridentina, ahora iba a ser una Misa Cantata no en una parroquia sino en una capilla la cual nos prometieron como en la otra que estaba en plena comunión con Roma y con el obispo diocesano. Yo iba realmente emocionado, pero al llegar al lugar tuve una experiencia realmente desagradable. Salió un Señor vestido de traje impecable y nos recibió en el estacionamiento. Nos acompañaba una Señora que habitualmente asistía a esa capilla. El señor empezó a hablar con ella, a nosotros ni siquiera nos saludó y empezó a reprenderl. El asunto era muy sencillo. Aunque las mujeres llevaban sus faldas largas y sus velos y los hombres llevábamos pantalón de vestir y zapatos, no llevábamos camisas ni corbatas ni traje sino una pobre playera que tenía por el frente el león de la tribu de Judá y por detrás nuestro mensaje: You cant be catholic and pro-abortion. Se le explicó al Señor que para entonces habíamos caminado ya más de 700 kilometros y que no cargábamos con trajes ni corbatas sino que andábamos pobremente y además viviendo de lo que la providencia nos diera y durmiendo en parroquias y escuelas y que por ese motivo vestíamos así. No fue suficiente, para él eramos indignos de entrar a la Misa. Nos preguntó si estábamos confesados le dijimos que sí. Después cambió el discurso y me preguntó a mi si habitualmente asistía a la misa tridentina y le dije que no. Y entonces se puso furioso, lleno de ira me dijo que como pretendía entrar a la capilla si toda mi vida había ido a misas novus ordo que probablemente eran inválidas y que si yo entraba iba a ser un agravio para la fe y el respeto a la misa de todos los que estaban ahí. NUNCA EN MI VIDA ME HABIAN OFENDIDO NI ME HAN OFENDIDO TANTO. El señor muy amablemente me dijo que prácticamente todos los fieles católicos que yo conocía eran unos herejes modernistas que no tenían parte en el reino de los cielos. No me enojé, no me llené de ira ni de cólera, me llene de tristeza y de desanimo. Después de esto nos retiramos del lugar, la santa mujer que nos invitó se puso a llorar y nos pidió disculpas y ésta fue mi segunda experiencia con la misa tridentina.

El tiempo pasó yo entré al seminario el día del motu proprio SP lloré de alegría, y poco a poco me preparo para el día bendito de mi ordenación y para celebrar menos indignamente la Santa Misa como Dios manda.

Pero, ¿Por qué les cuento todo esto? La finalidad es muy sencilla. Son dos reflexiones las que propongo. La primera. En general creo que me he encontrado entre los defensores de la tradición estos dos tipos de personas. Los que como en mi primera misa te reciben con gran gozo, toleran tu ignorancia y te instruyen, no te desprecian sino que te aprecian y quieren compartir su tesoro contigo y poco a poco, con mucha paciencia, con fortaleza y suavidad te acompañan para que crezcas junto con ellos en la fe por la gracia de Dios y la participación en los Sagrados Misterios y los que te rechazan te acusan de modernista, de hereje, de irreverente, de impío, de ignorante, te echan del templo y poco les falta para condenarte al infierno. Seamos de los primeros, no juzguemos antes de tiempo, no condenemos a nuestros hermanos, seamos indulgentes, enseñemos la verdad con paciencia y dedicación y no descartemos a nuestros hermanos sólo por no ser como nosotros, al contrario con caridad solícita llevémoslos frente al Misterio y Dios les mostrará su gloria. La Misa hablará por sí sola, ni habrá necesidad de llamarles inmodestos, o indecentes, (si de enseñarles con generosidad el respeto y la piedad) el Señor mismo es el que les manifestará su grandeza hará que todos los pobres e ignorantes que se acercan a su Templo Santo, como lo hizo alguna vez conmigo, nos arrojemos al piso en postración, nos cubramos el rostro y nos quitemos las sandalias. No seamos de los segundos, pues habrá un juicio sin misericordia para quien no practicó la misericordia.

La Segunda Reflexión. El papa Benedicto XVI inaugura su pontificado con su famosa reflexión sobre la hermeneutica de la continuidad. Cuando yo meditaba en lo que significaba una hermenéutica de la ruptura siempre pensaba en los progresistas en los teólogos de la liberación y demás desviaciones post-conciliares. Sin embargo haciendo memoria de mis experiencias, me he dado cuenta de que también puede haber una hermenéutica de la ruptura por parte de los defensores de la tradición, cuando se plantea esa absurda dicotomía eclesial de Iglesia modernista e Iglesia tradicional y auténtica, cuando se habla de un papa modernista o de una misa modernista. Esto hace que me de cuenta de los grandes alcances que tiene esta idea del magisterio de Benedicto XVI, deberíamos de profundizar más en ella y recordar constantemente nuestra profesión de fe, en la que decimos et in unam sanctam et apostolicam ecclesiam. Si somos rupturistas progresistas, decimos con deshonestidad que es la misma Iglesia la del post-concilio que la Iglesia pre-conciliar, o más bien decimos que se trata de dos realidades diversas y por tanto estamos pecando contra la fe. Si somos rupturistas tradicionalistas, decimos con deshonestidad que es la misma Iglesia la de San Pio V que la de Benedicto XVI o la de Juan Pablo II porque esta segunda es una Iglesia modernista, y entonces, también estamos pecando contra la fe. La hermenéutica de la continuidad es el camino de la reconciliación y de la paz, es el camino de la ortodoxia y de la fidelidad. Cuando narré al principio de este correo mi experiencia desagradable en la diócesis de los Ángeles se trató de un encuentro con algunos hermanos católicos confundidos por la idea de la ruptura modernista. Cuando narré mi segunda experiencia, lamentable, con la misa tridentina se trato de un encuentro con algunos rupturistas-tradicionalistas. Curiosamente, ambos, aunque desde posiciones irreconciliables, coincidían en algunas cosas, su interpretación rupturista del CVII y su poco respeto, o nulo (con la desobediencia que esto conlleva) a la autoridad legitima de la Iglesia, al Santo Padre y a los obispos en comunión con él.
En fin, les pido sus oraciones para que Dios me conceda perseverar en la vocación, y por favor no me tomen a mal nada de lo que les he dicho, en verdad que lo hago movido por la caridad y he tratado de ser muy fino en el lenguaje para no ofender a nadie. Al contrario les manifiesto a todos ustedes mi muy sincero respeto, admiración y agradecimiento.

Andrés Esteban
seminarista
8vo semestre filosofía

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8
Dic

Comunión en la mano y otros fraudes similares

   Escrito por: Felipe   en Espiritualidad, Intelectuales Católicos, Santa Misa

Comunión en la mano y otros fraudes similares
por Michael Davies

Protestantes reformistas insisten en en la Comunión en la mano

Los reformadores protestantes eran particularmente sensibles al simbolismo de las ceremonias litúrgicas, por lo que se prestó una atención especial a la eliminación de todo lo que podría perpetuar la creencia en un sacerdocio sacrifical y la posesión de poderes negados a los laicos, o en la presencia real de Cristo en el sacramento.

En 1549 Cranmer en su Servicio de Comunión, permitió que el sacramento fuera colocado por el ministro en la lengua del comulgante.  Esto fue duramente criticado por Martín Bucero, quien exigió que se debiera dar la Comunión en la mano. Cranmer atendió la queja y cambió la rúbrica para su libro de oración de 1552, poniéndola en consonancia con la práctica protestante en el continente. Las razones que Bucero da para insistir en este cambio son bastante claras:

“No veo cómo la séptima sección que requiere que el pan del Señor no sea puesto en la mano sino en la boca del receptor, pueda ser consistente. Ciertamente, la razón dada en esta sección, se dice, es que no sea que los que reciben el pan del Señor no lo coman, sino que se lo lleven con ellos para darle un mal uso de superstición o de horrible maldad, no es, me parece a mí, concluyente, porque el ministro puede ver fácilmente cuando pone el pan en la mano si se come o no. De hecho, no tengo ninguna duda de que este uso de no poner el sacramento en las manos de los fieles se ha introducido por una doble superstición: en primer lugar, el falso honor que se desea mostrar a este sacramento, y en segundo lugar, la arrogancia de los malvados sacerdotes que reclaman mayor santidad que la de la gente de Cristo, en virtud de el óleo de su consagración. El Señor sin duda dio estos, sus símbolos sagrados, en las manos de los Apóstoles y nadie que haya leído los documentos de los antiguos puede poner en duda que este fue el uso observado en las iglesias hasta el advenimiento del Anticristo Romano.“

“Como consecuencia, toda superstición del Anticristo Romano se debe detestar y la sencillez de Cristo y los Apóstoles y las antiguas Iglesias, recordar. Yo quisiera que a los pastores y a los maestros de la gente les sea ordenado ser fieles a enseñar a la gente que es supersticioso y malvado pensar que las manos de aquellos que verdaderamente creen en Cristo son menos puras que sus bocas, o que las manos de los ministros son más santas que las manos de los laicos, de modo que sería malo o menos adecuado, como antes se creía erróneamente por la gente común, que los laicos reciban estos sacramentos en la mano, y por lo tanto que se eliminen las indicaciones de esta creencia malvada —– como que los ministros pueden tomar con la mano el sacramento, pero no permitir a los laicos hacerlo y en lugar poner los sacramentos en la boca —– que no sólo es ajeno a lo que fue instituido por el Señor, sino ofensivo para la razón humana.”

“De esta forma los hombres buenos serán fácilmente llevados al punto de todos recibir los símbolos sagrados en la mano, la conformidad en la recepción se mantendrá, y habrá precauciones contra todos los abusos furtivos de los sacramentos. Porque, aunque se puede dar por un tiempo la concesión para aquellos cuya fe es débil, dándoles los sacramentos en la boca cuando lo deseen, si son cuidadosamente enseñados pronto se conformarán con el resto de la Iglesia y tomarán los sacramentos en la mano. ” 21

Servicios protestantes, para allá vamos...
Servicios protestantes, para allá vamos…

Cabe señalar aquí que la consagración de las manos del sacerdote es vista como indicador del privilegio del manejo de la hostia, algo negado en documentos de propaganda tal como “Tomar y Comer”. El hecho de que los reformadores protestantes hayan introducido la comunión en la mano específicamente para negar la doctrina católica sobre el sacerdocio y la presencia real, le dio a la práctica un significado anti-católico a partir de ese momento. Esta era una significación que no poseían en los primeros siglos.

Esta práctica es, pues, totalmente inaceptable en el culto católico y nunca puede ser aceptable. Los protestantes contemporáneos ciertamente no cambiarán a la recepción de la Comunión en la lengua para dar cabida a los católicos, y así, en aras de un falso ecumenismo, los católicos están obligados a aceptar lo que es ahora una práctica específicamente protestante a fin de eliminar cualquier vestigio del respeto externo para el Santísimo Sacramento que aquellos que consideran que no es más que pan, encuentran ofensivo. Esto es algo que no nos debe sorprender —– es simplemente una continuación lógica del modelo que se inició con la destrucción de la Misa de San Pío V.

21) Esta es una traducción original, pero la “Censura” de Bucer ha sido reeditada con el texto en latín y una traducción al Inglés en páginas paralelas: Martín Bucero y el Libro de Oración Común, ed. CE Whitaker (Mayhew-McCrimmon, Essex, Inglaterra).

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29
Nov

Reediciones “Summorum Pontificum” en la Librería Vaticana

   Escrito por: Felipe   en Santa Misa, Vaticano

En mi vuelta hace dos semanas al Vaticano, tomé esta foto que creo interesante: el anaquel de la Libreria Editrice Vaticana con los libros en latín. Ciertamente no es un gran anaquel, pero tampoco es una librería muy grande.

Libros litúrgicos

Lo interesante fue ver la reedición no solo del Missale Romanum 1962 (€59), sino tambien del Rituale Romanum 1952 (€57), del Breviarium Romanum 1961(€110) y del Pontificale Romanum 1961-1962 (€35), solo faltando el Martyrologium para completar la serie de libros liturgicos vigentes como Forma extraordinaria del Rito Romano. Los precios, aún con el euro muy caro, siguen siendo más baratos que el Missale 1962 nuevo más barato que encontramos por ejemplo en los EEUU en mínimo 150 dólares.

Las reediciones son copias facsímiles de los libros originales, como lo muestra esta imagen del Rituale.

Rituale Romanum

Rituale Romanum

También hay una edición del Missale Romanum 1962 más sencilla que vale €36.15. Así que la falta de libros litúrgicos nuevos no debería de ser un pretexto mal intencionado.

Misal económico

Misal económico

También sería útil para que lo lleven de  viaje.

También sería útil para que lo lleven de viaje.

Este no es facsimil.

Este no es facsimil.

En general fue lo interesante, además de que es la primer librería donde veo que tienen el Motu Proprio Summorum Pontificum, aunque la verdad está mejor presentado el que editamos en México de manera particular hace ya dos años ;).

Motu proprio versión Una Voce México

Motu proprio versión Una Voce México

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22
Oct

Zenit reporta: Misa según el rito precedente al Vaticano II en la Basílica de San Pedro

   Escrito por: Felipe   en Benedicto XVI, Santa Misa, Tradicionalismo, Vaticano

ZS09101908 - 19-10-2009
Permalink: http://www.zenit.org/article-32950?l=spanish

Misa según el rito precedente al Vaticano II en la Basílica de San Pedro

Presidida por el arzobispo Burke al concluir un congreso sobre “Summorum Pontificum”

CIUDAD DEL VATICANO, lunes 19 de octubre de 2009(ZENIT.org).- Con una misa según el rito extraordinario en latín (el misal precedente al Concilio Vaticano II), concluyó este domingo en la Basílica de San Pedro un congreso sobre su vivencia en la Iglesia.

La santa misa fue celebrada en la Capilla de la Adoración Eucarística por el arzobispo Raymond Leo Burke, prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica.

En el acto, participó además monseñor Guido Pozzo, recientemente nombrado por el Papa secretario de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei”, encargada del diálogo con los seguidores de la Fraternidad de San Pío X, fundada por el arzobispo Marcel Lefebvre.

La capilla no pudo acoger a todos los que quisieron participar en la misa, pues quedó totalmente llena por 70 sacerdotes y unas 400 personas.

Después de la misa, los participantes en el congreso se reunieron en la plaza de San Pedro para rezar la oración del Ángelus junto al Papa, quien les dirigió un saludo especial en las palabras que dirigió a los peregrinos en italiano.

Con el título “Un gran don para toda la Iglesia”, el congreso ha analizado la aplicación del motu proprio “Summorum Pontificum”, sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma de 1970.

El encuentro, celebrado entre el 16 y el 18 de octubre en la el salón de actos de la “Casa Bonus Pastor”, de Roma, fue organizado por “Jóvenes y Tradición” y “Amistad Sacerdotal Summorum Pontificum”.

La jornada intermedia, el sábado, fue clausurada con el canto del “Te Deum” y la bendición eucarística, celebrada por monseñor Camille Perl, vicepresidente emérito de la Comisión “Ecclesia Dei”.

Al inaugurar el congreso, el organizador, el padre Vincenzo Nuara O.P., constató las dificultades que encuentran en ocasiones quienes quieren aplicar el motu proprio “Summorum Pontificum”.

“¿Pueden rechazar los hombres de Iglesia la misa en rito antiguo?”, se preguntó el padre Nuara.

“Si esto sucede, tiene lugar un gran problema para la Iglesia –respondió–. Pero, con frecuencia, donde obispos y párrocos se oponen, el resultado es que se lleva a jóvenes (laicos y sacerdotes) a amarla y practicarla. Hay, de todos modos, grandes signos de esperanza, en particular con el surgimiento de nuevas vocaciones para la misa en rito antiguo”, afirmó el sacerdote.

© Innovative Media, Inc.

roma

Click en la imagen para ver la galería de fotos de la Misa.

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14
Ene

Rito Gregoriano en Monterrey

   Escrito por: Felipe   en Creer en México, FSSP, Santa Misa, Una Voce

Les dejo una foto de una Misa en la Parroquia del Señor del Perdón, en Monterrey. El celebrante es el P. Raúl Rodríguez, diocesano. Los clérigos que le acompañan son seminaristas de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro.

Gracias al Padre Raúl, en esta ciudad la voluntad del S.S. Benedicto XVI expresada en el motu propio Summorum Pontificum, no ha dejado de aplicarse desde el día en que entró en vigor, hasta hoy. Deo Gratias.

Se puede observar la nutrida participaciòn de gente. Cada día más cristianos se reencuentran con la Tradición litúrgica.

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24
Nov

El caso por la misa en latín.

   Escrito por: Felipe   en Espiritualidad, Intelectuales Católicos, Santa Misa

El caso por la misa en latín
DIETRICH VON HILDEBRAND

Dietrich von Hildebrand, fué uno de los filósofos cristianos más eminentes del mundo. Profesor en la Universidad Fordham, el Papa Pio XII lo llamó «el Doctor del siglo XX en la Iglesia», Juan Pablo II lo definió como «Uno de los más grandes eticistas del Siglo XX», sobre él Benedicto XVI afirmó: “Cuando la historia intelectual de la Iglesia Católica en el siglo XX sea escrita, el nombre de Dietrich von Hildebrand será más prominente entre las figuras de nuestro tiempo”.

Es autor de muchos libros, incluyendo la Transformación en Cristo y Liturgia y Personalidad.

↔ [Artículo original del ejemplar de octubre de 1966 de la revista Triumph] ↔

La argumentación para la nueva liturgia han sido con esmero empaquetada y debe ahora ser aprendida de memoria. La nueva forma de la misa está diseñada para engarzar al celebrante y al fiel en una actividad comunal. «En el pasado el feligrés atendía la Misa en aislamiento personal, cada adorador practicando sus devociones privadas, o cuando mejor, siguiendo los procedimientos en su misal.» «Hoy el fiel puede comprender el carácter social de la celebración; aprende a apreciarlo como una comida de comunidad. Antes, el sacerdote mascullaba en una lengua muerta, que creó una barrera entre el sacerdote y la gente. Ahora cada uno habla en inglés, que tiende a unir al sacerdote y la gente el uno con el otro.» «En el pasado el sacerdote decía la misa con su espalda a la gente, que creaba el ambiente de un rito esotérico. Hoy, debido a que el sacerdote afronta a la gente, la misa es una ocasión más fraternal.» «En el pasado el sacerdote entonaba cánticos medievales extraños. Hoy la asamblea entera canta canciones con melodías fáciles y poema lírico familiar, y experimenta hasta con la música folklórica.» La argumentación para la nueva misa, entonces, trata de esto: hacer sentir al fiel más en casa, en la casa de Dios.

Mi preocupación no es la situación legal de los cambios. Enérgicamente no deseo ser entendido como lamentando que la Constitución haya permitido al vernáculo complementar el latín. Lo que deploro es que la nueva misa sustituye la misa latina, que la vieja liturgia está siendo imprudentemente desechada, y negada a la mayor parte del Pueblo de Dios.

Quisiera hacer varias preguntas a aquellos que fomentan este desarrollo: ¿La nueva misa, más que la vieja, incita al espíritu humano? ¿evoca un sentido de eternidad? ¿Ayuda a elevar nuestros corazones de las preocupaciones de la vida diaria - de los aspectos puramente naturales del mundo - hacia Cristo? ¿Aumenta la reverencia, una apreciación de lo sagrado?

Por supuesto que estas preguntas son retóricas, y autocontestables. Las formulo porque pienso que todos los Cristianos atentos querrán sopesar su importancia antes de llegar a una conclusión sobre los méritos de la nueva liturgia.

¿Cuál es el papel de la reverencia en una vida realmente cristiana, y sobre todo en una adoración realmente cristiana de Dios?

La reverencia da al ser la oportunidad de hablarnos: la grandeza última del hombre es el ser capax Dei. La reverencia es de importancia capital para todas las esferas fundamentales de la vida del hombre. Puede ser correctamente llamada «la madre de todas las virtudes», pues es la actitud básica que todas las virtudes presuponen. El gesto más elemental de la reverencia es una respuesta a ser uno mismo. Esta distingue a la autónoma majestad del ser, de una mera ilusión o ficción; es un reconocimiento de la consistencia interior y positiva del ser - de su independencia de nuestros humores arbitrarios. La reverencia da al ser la oportunidad de desplegarse a sí mismo, para, así como era, hablarnos; fecundar nuestras mentes. Por lo tanto la reverencia es indispensable a cualquier conocimiento adecuado del ser.

La profundidad y la plenitud del ser, y sobre todo sus misterios, nunca serán revelados a nadie sino solo a la mente reverente. Recuerde que la reverencia es un elemento constitutivo de la capacidad para «sorprenderse», que Platón y Aristóteles afirmaron que es la condición indispensable para la filosofía. En efecto, la irreverencia es una fuente principal del error filosófico. Pero si la reverencia es la base necesaria para todo el conocimiento confiable del ser, es además, indispensable para comprender y ponderar los valores basados en el ser. Sólo el hombre reverente que está listo a admitir la existencia de algo mayor que él, quién quiere ser silencioso y dejar al objeto hablarle - quién se abre - es capaz de entrar en el mundo sublime de los valores. Además, una vez que una gradación de valores ha sido reconocida, una nueva clase de reverencia está en orden- una reverencia que no responde sólo a la majestad de ser como tal, sino al valor específico de un ser específico y a su fila en la jerarquía de valores. Y esta nueva reverencia permite el descubrimiento de todavía otros valores.

El hombre refleja su carácter esencialmente receptivo como una persona creada, únicamente en la actitud reverente; la grandeza última del hombre debe ser capax Dei. El hombre tiene la capacidad, en otras palabras, de comprender algo mayor que él, ser afectado y fecundado por ello, abandonársele para su propio bien - en una respuesta pura a su valor. Esta capacidad de superarse distingue al hombre de una planta o un animal; éstos últimos se esfuerzan sólo por desplegar su propio ser. Ahora: sólo el hombre reverente es quien puede superarse conscientemente y así conformarse a su condición humana fundamental y a su situación metafísica.

¿Encontramos mejor a Cristo elevándonos hasta Él, o arrastrándole a nuestro mundo rutinario?

El hombre irreverente por contraste, se acerca al ser en una actitud de superioridad arrogante o de familiaridad indiscreta, satisfecha. En cualquier caso él está discapacitado; es el hombre que va tan cerca de un árbol o edificio quien ya no puede verlo. En vez de permanecer a la distancia espiritual apropiada, y mantener un silencio reverente de modo que el ser pueda decir su palabra, él se impone y así, en efecto, silencia al ser. En ninguna esfera es la reverencia más importante que la religión. Tal como hemos visto, esta afecta profundamente la relación del hombre hacia Dios. Pero además penetra la religión entera, sobre todo la adoración a Dios. Hay un eslabón íntimo entre reverencia y santidad: la reverencia nos permite experimentar lo sagrado, elevarse sobre lo profano; la irreverencia nos ciega al mundo entero de lo sagrado. La reverencia, incluyendo el sobrecogimiento - incluso temor, miedo y temblor - es la respuesta específica a lo sagrado.

Rudolf Otto ha desarrollado claramente este punto en su famoso estudio «La Idea de lo Santo». Kierkegaard también llama la atención al papel esencial de la reverencia en el acto religioso, en el encuentro con Dios. ¿Y no temblaron los Judíos en el temor profundo cuándo el sacerdote trajo el sacrificio en el sancta sanctorum? ¿No fué golpeado Isaiah con el miedo piadoso cuándo vio a Yahweh en el templo y exclamó, «el infortunio es conmigo, estoy condenado! pues soy un hombre de labios sucios… pero aún mis ojos han visto al Rey»? ¿Acaso las palabras de San Pedro después de la pesca milagrosa, «apártate de mí, oh Señor, porque soy un pecador» no declaran que cuándo la realidad de Dios fuerza la entrada sobre nosotros nos golpea con miedo y reverencia? El cardenal Newman ha demostrado en un sermón aturdidor que el hombre que no teme y no reverencía no ha conocido la realidad de Dios.

Cuando San Buenaventura escribe en Itinerium Mentis ad Deum que sólo un hombre de deseo (como Daniel) puede entender a Dios, él quiere decir que una cierta actitud del alma debe ser alcanzada a fin de entender el mundo de Dios, en el cual Él quiere conducirnos.

Este consejo es sobre todo aplicable a la liturgia de la Iglesia. El sursum corda - levantemos nuestros corazones - es la primera exigencia para la verdadera participación en la misa. Nada podría obstruir más el encuentro del hombre con Dios que la noción de que «vamos al altar de Dios» del mismo modo en el que vamos a una reunión social agradable, relajante. Esto es el motivo por el cual la misa latina con el Canto gregoriano que nos levanta hasta una atmósfera sagrada, es inmensamente superior a una misa vernácula con canciones populares, que nos abandona en una atmósfera profana simplemente natural.

El error básico de la mayor parte de las innovaciones es imaginar que la nueva liturgia lleva al santo sacrificio de la misa más cerca hacia el fiel, que esquilado de sus viejos rituales la misa ahora se introduce en la sustancia de nuestras vidas. Porque la pregunta es si en la misa encontramos mejor a Cristo elevándonos hacia Él, o arrastrándole a nuestro propio caminante mundo rutinario. Los innovadores sustituirían la santa intimidad con Cristo por una familiaridad impropia. La nueva liturgia realmente amenaza con frustrar el encuentro con Cristo pues desalienta la reverencia ante el misterio, impide el temor y casi extingue un sentido de santidad. Lo que realmente importa, seguramente, no es si los fieles se sienten como en su casa en la misa, sino si los saca de su vida ordinaria hacia el mundo de Cristo - si su actitud es la respuesta de la reverencia última: si son imbuidos de la realidad de Cristo.

Aquellos que se expresan con inmoderado entusiasmo sobre la nueva liturgia hacen mucho del punto que durante los años la misa había perdido su carácter comunal y se había hecho una ocasión para la adoración individualista. La nueva misa vernácula, insisten, restaura el sentido de comunidad sustituyendo las devociones privadas con la participación de la comunidad. Mas ellos olvidan que hay diferentes niveles y clases de comunión con otras personas. El nivel y la naturaleza de una experiencia de comunión está determinada por el tema de la comunión, el nombre o la causa en la cual los hombres están reunidos. Entre más alto el bien que el tema representa y que enlaza a los hombres, más sublime y más profunda es la comunión. Obviamente la escencia y la naturaleza de una experiencia de comunidad en el caso de una gran emergencia nacional son radicalmente diferentes de la experiencia de comunidad de un cóctel. Y por supuesto las diferencias más asombrosas en comunidades serán encontradas entre la comunidad cuyo tema es lo sobrenatural y aquella cuyo tema es simplemente natural. La realización de las almas de los hombres que son realmente tocados por Cristo, es la base de una comunidad única, una comunión sagrada, una cuya calidad es incomparablemente más sublime que aquella de cualquier comunidad natural. La auténtica comunión entre los fieles que la liturgia del Jueves Santo expresa tan bien en las palabras «congregavit nos in unum Christi amor», es sólo posible como fruto de la comunión Tu-yo con Cristo mismo. Sólo una relación directa al Dios-hombre puede realizar esta unión sagrada entre los fieles.

La despersonalizante «experiencia común» es una teoría perversa de la comunidad.

La comunión en Cristo no tiene nada de la auto afirmación encontrada en las comunidades naturales. Esta respira de la Redención. Esta libera a los hombres de todo egocentrismo. Mas aún tal comunión enfáticamente no depersonaliza al individuo; lejos de disolver a la persona en lo cósmico, en el desmayo panteísta tan a menudo alabado entre nosotros estos días, realiza al verdadero ser de la persona en un modo único. En la comunidad de Cristo el conflicto entre persona y comunidad que está presente en todas las comunidades naturales no puede existir. Luego esta experiencia de comunidad sagrada está realmente en guerra con la despersonalizante «experiencia común» encontrada en asambleas masivas y reuniones populares que tienden a absorber y evaporar al individuo. Esta comunión en Cristo que estaba tan totalmente viva en los siglos cristianos tempranos, que todos los santos entraron y que encontró una expresión incomparable en la liturgia ahora bajo ataque - esta comunión nunca ha considerado a la persona individual como un mero segmento de la comunidad, o como un instrumento para servirlo. En esta unión vale la pena notar que la ideología totalitaria no solo sacrifica el individuo al colectivo; algunas ideas cósmicas de Teilhard de Chardin, por ejemplo, implican el mismo sacrificio de la colectividad. Teilhard subordina al individuo y su santificación al supuestp desarrollo de la humanidad. En un tiempo en el que esta perversa teoría de la comunidad es abrazada incluso por muchos Católicos, hay motivos claramente urgentes de insistir enérgicamente en el carácter sagrado de la verdadera comunión en Cristo. Yo sostengo que la nueva liturgia debe ser juzgada por esta prueba: ¿contribuye esta a la auténtica comunidad sagrada? Se da por hecho que se esfuerza por un carácter de comunidad; ¿pero es este el carácter deseado? ¿Es esta una comunión basada en recogimiento, contemplación y reverencia? ¿Cuál de los dos - la nueva misa, o la misa latina con el Canto gregoriano - evoca estas actitudes del alma con más eficacia, permitiendo así una comunión más profunda y verdadera? ¿No está claro que con frecuencia el carácter de comunidad de la nueva misa es puramente profano, que, como con otras reuniones sociales, su mezcla de relajación ocasional y ajetreada actividad impide un encuentro reverente, contemplativo con Cristo y con el misterio inefable de la Eucaristía?

POR SUPUESTO NUESTRA ÉPOCA está penetrada por un espíritu de irreverencia. Está vista en una noción deformada de la libertad que exige derechos rechazando obligaciones, que exalta la autoindulgencia, que aconseja el «dejate ir». El habitare secuni de los Diálogos de San Gregorio - la morada en presencia de Dios - que presupone la reverencia, es hoy considerado algo no natural, pomposo, o servil. ¿Pero no es la nueva liturgia un compromiso con este espíritu moderno? ¿De donde viene el desprecio de arrodillarse? ¿Por qué debería la Eucaristía ser recibida estando de pie? ¿Es el no arrodillarse, en nuestra cultura, la expresión clásica de adorar la reverencia? El argumento que en una comida nosotros deberíamos estar de pie más bien que arrodillarnos es apenas convincente. En primer lugar, este no es la postura natural para la comida: nos sentamos, y en el tiempo de Cristo uno posaba. Pero lo que es más importante en esto es una concepción expresamente irreverente de la Eucaristía para acentuar su carácter como una comida a costa de su carácter único como un misterio santo. Acentuar la comida a expensas del sacramento seguramente delata la tendencia a obscurecer la santidad del sacrificio. Esta tendencia es aparentemente atribuible a la desafortunada creencia que la vida religiosa se hará más viva, más existencial, si está sumergida en nuestra vida diaria. Pero esto es correr el peligro de absorber lo religioso en lo mundano, de borrar la diferencia entre lo sobrenatural y lo natural. Temo que esto represente una intrusión inconsciente del espíritu naturalista, del espíritu más totalmente expresado en el inmanentismo de Teilhard de Chardin.

Otra vez ¿por qué ha sido abolida la genuflexión en las palabras et incarnatus est en el Credo? ¿No era esta una expresión noble y hermosa de adorar la reverencia profesando el abrasador misterio de la Encarnación? Independientemente de la intención de los innovadores, ciertamente han creado el peligro, si acaso sólo psicológico, de disminuir la conciencia y el temor de los fieles al misterio. Hay aún otra razón para vacilar en hacer cambios a la liturgia que no son estrictamente necesarios. Los cambios frívolos o arbitrarios tienen tendencia a erosionar un tipo especial de reverencia: pietas. La palabra latina, como el Pietaet alemán, no tiene ningún equivalente inglés, pero puede ser entendida como el compromiso por el respeto de la tradición; la honra a lo que nos ha sido pasado por antiguas generaciones; fidelidad a nuestros antepasados y sus trabajos. Note que la piedad es un tipo derivado de la reverencia y por lo tanto no debería ser confundida con la reverencia primaria, que hemos descrito como una respuesta al mismo misterio de ser, y por último una respuesta a Dios. Resulta que si el contenido de una tradición dada no corresponde al objeto de la reverencia primaria, esto no merece la reverencia derivada. Así si una tradición encarna malos elementos, como el sacrificio de seres humanos en el culto de los aztecas, entonces aquellos elementos no deberían ser considerados con pietad. Pero no es el caso cristiano. Aquellos que idolatran nuestra época, quiénes se conmueven en lo que es moderno simplemente porque es moderno, quiénes creen que en nuestros días el hombre por fin ha llegado a su «mayoría de edad» carecen de pietad. El orgullo de estos «nacionalistas temporales» no es sólo irreverente, es incompatible con la verdadera fe. Un Católico debería considerar su liturgia con pietad. Él debería reverenciar, y por lo tanto temer abandonar los rezos y posturas y música que han sido aprobados por tantos santos a lo largo de la era cristiana y entregados a nosotros como una herencia preciosa. Para no ir más lejos: la ilusión que podemos sustituir el Canto gregoriano con sus inspirados himnos y ritmos, por una igualmente fina, si no es que mejor música, delata una ridícula confianza en sí mismo y la carencia de auto conocimiento. No olvidemos que en todas partes de la historia del cristianismo, el silencio y la soledad, la contemplación y el recogimiento, han sido considerados necesarios para conseguir un verdadero encuentro con Dios. Este no es sólo el consejo de la tradición cristiana, que debería ser respetada por piedad; sino que está arraigado en la naturaleza humana. El recogimiento es la base necesaria para la verdadera comunión del mismo modo en que la contemplación proporciona la base necesaria para la verdadera acción en la viña del Señor. Un tipo superficial de comunión - la camaradería jovial de un asunto social - nos saca a la periferia. Una comunión realmente cristiana nos hace entrar en las profundidades espirituales.

El camino a una verdadera comunión cristiana: Reverencia.. Recogimiento.. Contemplación

Por supuesto deberíamos deplorar un excesivo y sentimental devocionalismo y reconocer que muchos Católicos lo han practicado. Pero el antídoto no es una experiencia de comunidad como tal, así como la cura para la pseudocontemplación no es la actividad como tal. El antídoto debe animar a la verdadera reverencia, a una actitud de recogimiento auténtico y devoción contemplativa a Cristo. Solo desde esta actitud puede tener lugar una comunión verdadera en Cristo. Las leyes fundamentales de la vida religiosa que gobiernan la imitación de Cristo, la transformación en Cristo, no se cambian según los humores y hábitos del momento histórico. La diferencia entre una experiencia de comunidad superficial y una experiencia de comunidad profunda es siempre la misma. El recogimiento y la adoración contemplativa de Cristo - que sólo la reverencia hace posible - será la base necesaria para una verdadera comunión con otros en Cristo en cada era de la historia humana.

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