Por P. Manuel Folgar - Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina
En la encíclica Mediator Dei, el Santo Padre nos dice que “el deber fundamental del hombre es, sin duda ninguna, el de orientar hacia Dios su persona y su propia vida”.
Hemos de estar firmemente persuadidos, entonces, que nuestro origen está en Dios y que hemos sido creados para que un día podamos gozar plenamente de Dios.
Nuestra persona y nuestra vida deben estar orientadas hacia Dios, dice el Papa.
Todo lo que se aparte de ahí es, por lo tanto, una desviación, una desorientación. Y ya sabemos lo que le ocurre a una persona que se desvía de su camino: no llega al sitio que debería llegar. Ya sabemos lo que le ocurre a una persona desorientada: no acierta con las cosas, no sabe hacia donde va, anda perdida.
Pues lo mismo pasa con las personas que no viven orientadas hacia Dios: no aciertan; están en este mundo sin saber hacia donde van; andan perdidos, sin saber realmente para qué los ha traído Dios a este mundo; están en el peligro de no llegar al sitio que deberían llegar: en este mundo a vivir como hijos de Dios en el seno de la Iglesia, y después de esta vida al cielo.
¿Qué es vivir orientados hacia Dios? ¿En qué consiste? También nos lo dice Pío XII:
“El hombre se vuelve ordenadamente a Dios cuando reconoce su majestad suprema y su
magisterio sumo, cuando acepta con sumisión las verdades divinamente reveladas, cuando observa religiosamente sus leyes, cuando hace converger hacia Él toda su actividad, cuando -para decirlo en breve- da, mediante la virtud de la religión, el debido culto al único y verdadero Dios”.
En esto consiste, según enseña el Vicario de Cristo, vivir orientados hacia Dios.
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