Sin duda, uno de los signos de los tiempos más importantes que estamos viviendo, es el surgimiento de China como superpotencia, pero desde el punto de vista católico, el hecho de que se abran oportunidades para la evangelización de este país resulta de una importancia extraordinaria.
Nuestro querido Papa lo tiene sin duda muy presente y el apoyo que le está dando al Cardenal Zen Ze-kiun (Uno de mis favoritos. En la foto celebrando una misa tridentina) ha permitido remover las expectativas que se tenían quizá un tanto apagadas. La inminencia de la Carta a los Católicos de China, que ha preparado Benedicto XVI y que según la entrevista publicada hace una semana en Avvenire con el Cardenal Bertone, se encuentra en el proceso de traducción y detalles técnicos, será sin lugar a dudas, uno de los hitos del papado actual y si Dios lo quiere, el medio que impulse el anuncio del evangelio en aquellos lugares del lejano oriente.
En Mayo Avvenire publicó otra entrevista con la escritora china Jung Chang (ver La Iglesia en la Prensa) en donde nos cuenta algo muy interesante sobre su visión de China:
“He notado que muchos se acercan a la religión, sobre todo a la fe cristiana y en particular a la católica. Les atrae porque, por un lado, es portadora de una ética moral universal, que no se basa en consideraciones políticas o utilitaristas. Y además consigue preservar la privacy de la vida persona, un aspecto que Mao quería destruir. Sabemos por nuestras investigaciones que Mao temía no tanto a los protestantes o a los budistas, sino a los católicos. Por ejemplo, la confesión es una oportunidad preciosa para custodiar la propia privacy.
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Mientras en México muchos piensan que “el pueblo” no podría apreciar la Misa en Latín, en Asia, pleno Hon Kong, el recién nombrado Cardenal celebró la liturgia tridentina el pasado 22 de abril en la capilla de Cristo Rey en la secundaria Cheung Sha Wan de esta ciudad.



