Hace algún tiempo comentábamos sobre el libro Señor del Mundo de Mons. Robert Hugh Benson, novela de temática apocalíptica escrita en los comienzos del siglo XX. Pues bien, de la misma colección «Bibliotheca Homo Legens» terminé de leer la famosa novela de Hugo Wast Juana Tabor y su secuela 666, que el escritor argentino publicó un poco después en 1941.
Si bien el libro es recomendable en cuanto que aporta un perspectiva del catolicismo hecha hace casi un siglo por un cristiano conocedor y comprometido con la Iglesia, ciertamente la narrativa se desborda en una imaginería en ocasiones grotesca y a mi gusto hasta morbosa sobre las aberraciones diabólicas y sus ofensas al Sacerdocio y al Santísimo Sacramento, que de fondo no contribuyen a algo más que a una ambientación muy oscura de la situación decadente que se quiere plasmar en la novela.
La historia principal es de corte futurista, transcurre en el momento de la llegada del anticristo al mundo y se enfoca a la decadencia espiritual de Fray Simón de Samaria, un sacerdote conventual con el don de la palabra que va siendo dominado por su soberbia y por la ilusa relación personal con una mujer candidata a la conversión, Juana Tabor. En este escenario el texto consigue diagnosticar y ejemplificar muy exitosamente el peligro que para la Iglesia representan los ímpetus revolucionarios de quienes embriagados de vanidad se llegan a creer los elegidos para reconstruirla, buscando adaptarla a los nuevos aires del mundo y a los ideales de igualdad como los entiende la modernidad. Esto resulta muy interesante pues Fray Simón bien parece un religioso del espíritu del post concilio al más puro estilo de los Kung, Boffs y demás progresistas de carne y hueso.
Desafortunadamente el libro se pierde con frecuencia en el intento de profetisar y describir las estructuras económicas y políticas de un futuro que transcurre a finales del siglo XX, dedicándole muchas páginas que en realidad no agregan valor y si rompen con el ritmo de la novela y la vuelven a momentos tediosa. Por otros momentos la historia sabe desarrollar el conflicto espiritual de Fray Simón y de uno de sus hermanos sacerdotes, lo cual la hace enriquecedora e interesante.
En cualquier caso para bien, el texto no deja de ser un importante legado de la aportación cultural del catolicismo del siglo XX al cual vale la pena dedicarle un poco de tiempo. La literatura católica apocalíptica siempre lleva implícita una reflexión crítica sobre las situaciones que se consideran de peligro para la Iglesia y construyen una escala de deterioro que puede servir para ubicar nuestra situación actual al recuperar una perspectiva más anticipada de la evolución de doctrinas y actitudes hostiles al cristianismo que proponen los autores.
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Otra reseña del mismo libro se puede encontrar en el Blog del Embajador en el Infierno.




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