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5
Abr

Don Camilo

   Escrito por: Felipe en Arte y Literatura

No hay mucho que pueda yo decir sobre el fascinante personaje creado por Giovanni Guareschi en 1946, Don Camilo. Sacerdote bueno y rudo que platica con el Cristo del Altar Mayor de su iglesia y que tiene su más entrañable amistad con su némesis el alcalde comunista de su pueblo Don Pepone.

Las historias de Don Camilo nos llenan de humor y nostalgia no solo por la sencillez y frescura de la vida rural, sino también por la imagen del Sacerdote que ama y es amado por su comunidad, sacerdote que no abandona su sotana pero que también está dispuesto a «romperle la crisma» con sus propias manos a quien se lo merezca  o quien de ello pudiera sacar algo de provecho.

Si alguien no ha leído las historia de este Cura, en buena lid le recomiendo que adquiera alguno de los libros de Guareschi, aunque sea para leer un pequeño relato cada noche antes de dormir.

———-

EL BAUTIZO

ENTRARON en la iglesia de improviso un hombre y dos mujeres; una de ellas era la esposa de Pepón, el jefe de los rojos.

Don Camilo, que subido sobre una escalera estaba lustrando con “sidol” la aureola de San José, volviose hacia ellos y preguntó qué deseaban.
–Se trata de bautizar esta cosa –contestó el hombre. Y una de las mujeres mostró un bulto que contenía un niño.
–¿Quién lo hizo? –preguntó don Camilo, mientras bajaba.
–Yo –contestó la mujer de Pepón.
–¿Con tu marido? –preguntó don Camilo.
–¡Se comprende!… ¿Con quién quiere que lo hiciera? ¿Con usted? –replicó secamente la mujer de Pepón.
–No hay motivo para enojarse –observó don Camilo, encaminándose a la sacristía–. Yo sé algo… ¿No se ha dicho que en el partido de ustedes está de moda el amor libre?

Pasando delante del altar, don Camilo se inclinó y guiñó un ojo al Cristo.
–¿Habéis oído? –y don Camilo rió burlonamente–. Le he dado un golpecito a esa gente sin Dios.
–No digas estupideces, don Camilo –contestó fastidiado el Cristo–. Si no tuviesen Dios no vendrían aquí a bautizar al hijo, y si la mujer de Pepón te hubiese soltado un revés, lo tendrías merecido.
–Si la mujer de Pepón me hubiera dado un revés, los habría agarrado por el pescuezo a los tres y…
–¿Y qué? –preguntó severo Jesús.
–Nada, digo por decir –repuso rápidamente don Camilo, levantándose.
–Don Camilo, cuidado –lo amonestó Jesús. Vestidos los paramentos, don Camilo se acercó a la fuente bautismal.
–¿Cómo quieren llamarlo? –preguntó a la mujer de Pepón.
–Lenin, Libre, Antonio –contestó la mujer.
–Vete a bautizarlo en Rusia –dijo tranquilamente don Camilo, volviendo a colocar la tapa a la pila bautismal.

Don Camilo tenía las manos grandes como palas y los tres se marcharon sin protestar. Don Camilo trató de escurrirse en la sacristía, pero la voz del Cristo lo frenó.
–¡Don Camilo, has hecho una cosa muy fea! Ve a llamarlos y bautízales el niño.
–Jesús –contestó don Camilo–, debéis comprender que el bautismo no es una burla. El bautismo es una cosa sagrada. El bautismo…
–Don Camilo –interrumpió el Cristo–, ¿vas a enseñarme a mí qué es el bautismo? ¿A mí que lo he inventado? Yo te digo que has hecho una barrabasada porque si esa criatura, pongamos por caso, muere en este momento, la culpa será tuya de que no tenga libre ingreso en el Paraíso…
–Jesús, no hagamos drama –rebatió don Camilo–. ¿Por qué habría de morir? Es blanco y rosado una rosa.
–Eso no quiere decir nada –observó Cristo–. puede caérsele una teja en la cabeza, puede venirle un ataque apopléjico… Tú debías haberlo bautizado.
Don Camilo abrió los brazos.
–Jesús, pensad un momento. Si fuera seguro que el niño irá al Infierno, se podría dejar correr; pero ese, a pesar de ser hijo de un mal sujeto, podría perfectamente colarse en el Paraíso, y entonces decidme: ¿cómo: puedo permitir que os llegue al Paraíso uno que se llama Lenin? Lo hago por el buen nombre del Paraíso.
–Del buen nombre del Paraíso me ocupo yo –dijo secamente Jesús–. A mí sólo me importa que uno sea un hombre honrado. Que se llame Lenin o Bonifacio no me importa. En todo caso, tú podrías haber advertido a esa gente que dar a los niños nombres estrafalarios puede representarles serios aprietos cuando sean grandes.
–Está bien –respondió don Camilo–. Siempre yo desbarro; procuraré remediarlo.

En ese instante entró alguien. Era Pepón solo, con la criatura en brazos. Pepón cerró la puerta con el pasador.
–De aquí no salgo –dijo– si mi hijo no es bautizado con el nombre que yo quiero.
–Ahí lo tenéis –murmuró don Camilo, volviéndose al Cristo–. ¿Veis qué gente? Uno está lleno de las más santas intenciones y mirad cómo lo tratan.
–Ponte en su pellejo –contestó el Cristo–. No es un sistema que deba aprobarse, pero se puede comprender…
Don Camilo sacudió la cabeza.
–He dicho que de aquí no salgo si no me bautiza al chico como yo quiero –repitió Pepón, y poniendo el bulto en un silla, se quitó el saco, se arremangó y avanzó amenazante.
–¡Jesús! –imploró don Camilo–. Yo me remito a vos. Si estimáis justo que un sacerdote vuestro ceda a la imposición, cederé. Pero mañana no os quejéis si me traen un ternero y me imponen que lo bautice. Vos lo sabéis, ¡guay de crear precedentes!
–¡Bah! –replicó el Cristo–. Si eso ocurriera, tú deberías hacerle entender…
–¿Y si me aporrea?
–Tómalas, don Camilo. Soporta y sufre como lo hice yo.

Entonces volvió don Camilo y dijo:
–Conforme, Pepón; el niño saldrá de aquí bautizado, pero con ese nombre maldito no.
–Don Camilo –refunfuñó Pepón–, recuerde que tengo la barriga delicada por aquella bala que recibí en los montes. No tire golpes bajos, o agarro un banco…
–No te inquietes, Pepón; yo te los aplicaré todos en el plano superior –contestó don Camilo, colocando a Pepón un soberbio cachete en la oreja.
Eran dos hombrachos con brazos de hierro y volaban las trompadas que hacían silbar el aire. Al cabo de veinte minutos de furibunda y silenciosa pelea, don Camilo oyó una voz a sus espaldas
–¡Fuerza, don Camilo!… ¡Pégale en la mandíbula!
Era el Cristo del altar. Don Camilo apuntó a la mandíbula de Pepón y éste rodó por tierra, donde quedó tendido unos diez minutos. Después se levantó, se sobó el mentón, se arregló, se puso el saco, rehizo el nudo del pañuelo rojo y tomó al niño en brazos. Vestido con sus paramentos rituales, don Camilo lo esperaba, firme como una roca, junto a la pila bautismal. Pepón se acercó lentamente.
–¿Cómo lo llamaremos? –preguntó don Camilo.
–Camilo, Libre, Antonio –gruñó Pepón.
Don Camilo meneó la cabeza.
–No; llamémoslo, Libre, Camilo, Lenin –dijo–. Sí, también Lenin. Cuando está cerca de ellos un Camilo, los tipos de esa laya nada tienen que hacer.
–Amén –murmuró Pepón tentándose la mandíbula.

Terminado el acto, don Camilo pasó delante del altar y el Cristo le dijo sonriendo
–Don Camilo, debo reconocer la verdad: en política sabes hacer las cosas mejor que yo.
–Y en dar puñetazos también –dijo don Camilo con toda calma, mientras se palpaba con indiferencia un grueso chichón sobre la frente…

Tags: Don Camilo

Este artículo fue publicado el Lunes 5 de Abril del 2010 a las 2:03 am; categorizado en: Arte y Literatura. Puedes dejar una respuesta, o enlazar desde tu sitio. También puedes seguir las respuestas por medio de RSS 2.0 o bien por correo electrónico escribiendo tus datos y marcando la casilla al final de esta página.

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  1. Don Camilo: Pecado Confesado
  2. Predicador papal: ser como don Camilo

4 comentarios hasta ahora

Edgar Fernandez
 1 

Mi estimado Felipe, unas joyas de la literatura catolica del siglo XX son las historias de Don Camilo, habra que investigar en donde las podemos conseguir por aca en Guadalajara. Sabes de que editorial son?

Abril 5 2010 a las 7:37 pm
marylua
 2 

gracias! nacio la sonriza del alma.

Dios permitiera que asi fuera yo de persistente en la cosas que verdaderamente creo y amo..

gracias mil.

mary

Abril 6 2010 a las 9:17 am
Felipe
 3 

Los que yo tengo son de la editorial Homo Legens, una editorial católica española y los compre en una librería católica de Monterrey y en La Casa del Libro en Madrid. Pero creo que Editorial Planeta las publicó en los 80′s aquí en México.

Si no te mata los ojos, por internet encuentras las versiones en pdf.

Mary: Luego subo otros pasajes del libro :)

Abril 7 2010 a las 12:52 am
Jefferson Nóbrega
 4 

Magnífico!

Gostaria de autorização para traduzir o texto e publicar em meu blog, claro que com as devidas fontes. Fico no aguardo.

Pax et bonvs!

Mayo 15 2010 a las 8:22 am

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