¿El Rostro de Cristo en el terremoto?

Nos escribe el P. Don Rafael Navas desde la sede del Instituto del Buen pastor en Chile:

Gracias a Dios los efectos materiales del terremoto (grado 8.8 en epicentro y 8 en Santiago) no fueron mayores… al menos tan graves como podían haber sido; precisamente a esa hora (3:30 a. m.) acababa de encender la luz cuando comenzó, “in crescendo”, a estremecerse todo… recé el sub tuum Presidium mientras aumentaba la fuerza desencadenada, luego jaculatorias mezcladas con ave marías y seguían cayéndose los libros en el segundo piso, y en el primero los vasos y algunas imágenes en la cocina y la sala… luego la luz se cortó y continuaban los remezones… pareciendo que se venía abajo la casa, hasta que se calmó la manifestación de la fuerza de la naturaleza… “Bendito sea Dios” en sus designios de misericordia; el todo duró algo más de 3 minutos (como lo que dura la votación de una ley inicua como la del aborto, o la de la distribución gratuita de la píldora asesina de bebes a las adolescentes, o las que legitiman las costumbres contra natura, anti vida y anti familia, etc., etc….) que parecieron larguísimos… y en realidad lo son en sus consecuencias materiales por un lado y deben serlo en las espirituales por otro. Lo que finalmente está en juego es la salvación de las almas.

En el terremoto en sus causas remotas está, pareciera estar, encerrado el rostro de NSJC… Sí, ese Rostro divino que es vejado, despreciado, ofendido y olvidado por sus criaturas que lo niegan y traicionan. Sí, maltratado, despreciado y deformado no sólo por la abundancia de sacrilegios e irrespetos que se multiplican en relación al trato dado a Jesús Sacramentado, lo que manifiesta, especialmente en las modas y en los modos, la pérdida de la fe en grandes sectores; sino también herido en su Amor por leyes inicuas que pretenden legitimar la violación de Su Ley… Rostro ofendido y burlado por quienes se prestan, de algún modo, a su expulsión institucional de la vida en sociedad… la cual queriendo abandonarlo a Él, es ella la que cae en el más desastroso abandono: “el abandono de Dios”.

Pero, en realidad, Él nunca nos abandona aunque lo abandonemos nosotros. Su Divino rostro en las catástrofes naturales -para quien quiera leer en los acontecimientos las causas remotas- se nos manifiesta en una de las terribles consecuencias naturales de nuestro abandono, no la más terrible – la irreparable sería nuestra condena eterna- llamándonos a clamar por retorno al ejercicio de Su realeza de amor: Reparación. El Retorno al verdadero orden de la sociedad postmoderna, hija prodiga de la Cristiandad, es el misterioso y misericordioso llamado que el Rostro de NSJC nos manifiesta en los acontecimientos.

Siguen habiendo frecuentes réplicas del terremoto… estas letras pretenden ser otra réplica simbolizada en las replicas materiales.

El que tenga ojos para ver…

En la Sede del IBP hasta ahora, domingo en la tarde, tuvimos electricidad y entonces acceso al Internet… Gracias por sus oraciones que retribuimos, las cuales deben ser un eco del Salmo Miserere que se reza especialmente en Cuaresma.

En la “Capilla” se conservaron intactas casi todas las imágenes como la del Niño Dios milagroso (Divino Pastorcito), Sta. Teresita y San José; lamentando la ruptura de una imagen del Sdo. Corazón y avería de dos ángeles adoradores…Entre las personas que frecuentan la Misa y nuestros amigos de otras regiones, al parecer, tampoco hubo consecuencias graves: Deo gratias!

En unión de oraciones, reparemos por el retorno de la sociedad al reinado del Amor Crucificado, hoy despreciado y abandonado por los suyos: ¡Viva Cristo Rey y Santa María del Carmen!

P. RNO.

Nuestras oraciones para los hermanos chilenos.

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Un comentario en “¿El Rostro de Cristo en el terremoto?

  1. Martha
    marzo 8, 2010 at 10:02 am

    ¡Deo gratias que están ustedes bien!

    Y gracias por su profunda meditación. Nos hace bien entender la necesidad de una verdada reparación, para amendar la expulsión institucional del Rostro de Nuestro Señor Jesucristo de la vida en sociedad.

    ¡Dios lo bendiga!

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