
Cardenal Rivera en el Altar de los Reyes de la Catedral Primada de México
Respuesta del cardenal Norberto Rivera Carrera y sus obispos auxiliares a la carta de su santidad Benedicto XVI enviada a los obispos de la Iglesia católica el pasado diez de marzo de 2009 sobre la remisión de la excomunión de los cuatro obispos consagrados por el arzobispo Lefevre.
Santo Padre:
Junto con mis Obispos Auxiliares y el Presbiterio de esta Arquidiócesis hemos leído la conmovedora carta que envió a los obispos de la Iglesia Católica. En primer lugar, queremos, agradecer a su Santidad, desde lo más profundo del corazón este emotivo gesto de humildad por el que Usted, con toda claridad expone las razones y los sentimientos que lo llevaron a tener un acto de misericordia al decidir, no sin una larga consideración de más de veinte años, la remisión de la excomunión a los cuatro obispos ordenados ilícitamente por el arzobispo Lefevre.
Concelebrando la Solemne Misa Crismal queremos manifestarle que comprendemos la tristeza que embargó a Su Santidad cuando un gesto de magnanimidad fue convertido por los enemigos de la Iglesia, y peor aún, por algunos miembros de la misma comunidad católica en un motivo para atacarlo y herirlo con gran hostilidad acusándolo de estar cancelando la reconciliación entre cristianos y judíos y destruyendo el legado que el Concilio había construido.
Los obispos católicos, tenemos claro, Santo Padre, el deber del sucesor de Pedro que Usted nos recuerda en su carta: confirmar a los hermanos en la fe, hacer presente a Dios en el mundo y abrir los hombres y mujeres los caminos que conducen a Él. Su misión no es otra que la de hacer presente el rostro de Dios cuyo amor fue llevado hasta el extremo en Jesucristo crucificado y resucitado que hoy hemos celebrado en esta Santa Misa Crismal, y esta encomienda no es posible sin el testimonio del perdón y de unidad en el que se ha empeñado.
Usted, Santidad, como discípulo del Señor Jesús, ha decidido tomar la cruz más pesada que puede cargar un cristiano: el ministerio petrino, y camina decidido detrás de Él hasta el Calvario. En el vía crucis que recorre no cesan los ataques y los insultos, las comparaciones insidiosas y la intolerancia sin recato de aquellos que ante el mundo aparecen con el disfraz de liberales y tolerantes. Todos sus enemigos se suben al vendaval de los medios de comunicación para amplificar las palabras de odio y condena, para derramar hiel y resentimiento; pero Usted, Santo Padre, sabe bien que no está solo, tiene la fuerza de Cristo que en su Cruz ha destruido todo odio, tiene la luz del Espíritu Santo que lo anima en su misión profética en el mundo, tiene la fidelidad intacta de tantos obispos y sacerdotes que tenemos en Usted un ejemplo de pastor y maestro, tiene la lealtad y el cariño del pueblo sencillo de Dios que lo ama y a diario lo cobija con el manto consolador de la oración.
México, Santo Padre, en concreto, esta Arquidiócesis de México, quiere permanecer siempre fiel al sucesor de Pedro, quiere que experimente nuestro amor, admiración y respeto. Usted es Pedro, sobre esta roca el Señor edifica su Iglesia; y sabe bien, Santidad, que contra la Iglesia de Jesucristo nunca prevalecerán los poderes del infierno, ni podrán las asechanzas del maligno.
En esta magna celebración en la que hemos conmemorado al Ungido, al Mesías que nos ha redimido, unido a mis obispos auxiliares, al presbiterio y los fieles de la Arquidiócesis de México, reciba, Santo Padre nuestra adhesión y comunión, y nuestra inquebrantable fidelidad. Que Dios nuestro Señor y Santa María de Guadalupe lo conserven entre nosotros y lo libren de sus enemigos.
+ Norberto. Card. Rivera Carrera
Arzobispo Primado de México
+ Mons. Armando Florencio Colín Cruz
+ Mons. Carlos Briseño Arch
+ Mons. Felipe Tejeda García
+ Mons. Antonio Ortega Franco
+ Mons. Francisco Clavel Gil
+ Mons. Jonás Guerrero Corona
Santa Iglesia Catedral de México
Jueves santo 9 de abril de 2009




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