En la Fiesta de Cristo Rey, Creer en México celebra su tercer aniversario.
Lo que empezó como un experimento sobre la blogósfera y la búsqueda de un apostolado que me permitiera trabajar desde casa, se ha convertido en una de esas extrañas maneras que el Señor usa para cambiarte la vida.
Principalmente el contacto con más gente interesada en la Misa Tradicional que de la mano llevó la inquietud por formar la asociación Una Voce México, por supuesto el Motu Proprio Summorum Pontificum y un sin fin de pequeños compromisos acumulados han marcado indeleblemente la forma de vivir la Fe para mi familia y para mi.
Hace ya tiempo que el apostolado virtual rompió las barreras de los bites y del html; gente real, voces reales, ayuda real, encuentros reales; principalmente en el último año y medio, por mencionar solo algunas cosas que me vienen a la mente: el encuentro con mis queridos amigos Maty y Edgar en Guadalajara, con el Padre Rafael Navas, los Misales Romanos que el apreciado Pablo H. me envió desde Arizona, las cajas con candeleros, vasos sagrados entre otras cosas que recibí de Martha a quien conocí personalmente el año pasado en el DF y juntos fuimos a dejarle un ramo a la Virgen morenita. Mons. Michael Smichtz y los demás amigos del ICRSS con quienes platicamos por horas también el año pasado.
Al Padre Pedro Rdz, con quien frecuentemente hablo por teléfono y lo veo en mis visitas a la Ciudad de México, a Arturo Gallardo de Torreón que le conocí personalmente en Febrero y a quien agradezco su trato cortés y deferencia para conmigo.
Por supuesto más recientemente, la interesantísima tarde con el P. Almir de Andrade fssp, ceremoniero del Cardenal Castrillón y después la bienvenida a nuestro querido Padre Romo, quien en un instante se ganó los corazones de mi familia; su entusiasmo y su fe son una bendición para México entero y su amistad es un tesoro que he recibido generosamente de Dios y de el.
Y así entre muchas otras circunstancias, lo real hoy supera a lo virtual y sin duda también seguiré agradecido por la compañía que solo es posible gracias al Internet: Marylua, P. Luis Joaquín, mi Sacristán Serrano, Francesco, las visitas esporádicas del Embajador en el Infierno, New Catholic y tantos y tantos más (no puedo ponerme a enumerar a todos, perdón).
Ante todo, por este año quiero darle gracias a mi esposa, porque me apoyó desde el principio y se que me apoyará hasta el final. Bendición amada con quien comparto el caminito de la vida.
Y también muchas gracias al P. Raúl por quien Dios nos ha permitido a mi familia y a mí contemplar semana a semana su misterio en la majestad del Canon silencioso. ¡Gracias Padre, muchas gracias!
¡Viva Cristo Rey!




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