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El Santo con el León (Primera Parte)

“Los primeros Cristianos que visitaron Europa y las Islas británicas se encontraron con paganos que les contaban cuentos de hadas, bestias habladoras y otras cosas maravillosas. A estas historias maravillosas, ellos pronto añadieron nuevas sobre los santos cristianos. Algunas eran reales, algunas probables y otras cuantas simplemente fantásticas”

Así se puede describir el compendio de narraciones y leyendas sobre santos que en 1912 publicó el poeta escoces Andrew Lang y su esposa Leonora. Algunas con aspectos simplemente fantásticos y otras que no dejan duda a su realidad.

La frescura que siempre deja el leer un libro para niños, es el pretexto para presentar algunos de estos relatos incluidos en El Libro de los Santos y Heroes, que más allá de sus certidumbres religiosas (las cuales muchas las tienen), nos dejan acercarnos con una perspectiva grata a la reflexión de las virtudes cristianas.

Espero que lo disfruten.


EL SANTO CON EL LEÓN

¿Alguna vez haz visto un cuadro de un anciano delgado, sentado en su escritorio escribiendo, con un león grande agazapado sosegadamente a sus pies como si fuera un perro o un gato? Bien, es San Jerónimo y ahora vas a oir su historia y de cómo llegó hasta ahí el león.Jerónimo nació en Stridon, cerca del pueblo de Aquilea en frente del Adriático, en el año 346, pero aunque su padre y su madre eran cristianos no lo bautizaron sino hasta que tuvo 20 años. Eusebio y su esposa, aunque no eran considerados muy ricos, tenían suficiente dinero para vivir cómodamente y Jerónimo tenía muchos esclavos para hacer sus deberes. Tenía, sin embargo, lo que para él era mucho más importante, un compañero de juegos llamado Bonosus, con quien había crecido y quien fue con el a Roma cuando ambos jóvenes tenían cerca de diecisiete años.

Durante toda su vida Jerónimo mostró fuertes afectos, se ganó muchos amigos y sufría una pena amarga cuando perdía a alguno de ellos, especialmente porque frecuentemente era su culpa. Desafortunadamente tenía un temperamento ardiente y una lengua rápida que le hacía decir cosas que el no quería expresar, por lo que se hacía de enemigos, pero una palabra de arrepentimiento de cualquiera que, el pensara, le hubiera hecho alguna injuria, suavizaba su corazón de una vez y el nunca llevaba malicia. Y a pesar de que se ofendía fácilmente, era tan animado y divertido, muy rápido para distinguir algo raro y muy inteligente para platicarlo, que si compañía era siempre bienvenida a cualquier parte que iba.

Así fue de niño y en gran medida así fue de anciano.

Desde su temprana infancia Jerónimo era muy dedicado a la lectura, aunque le gustaba escoger sus propios libros y frecuentemente descuidaba las lecciones que le asignaban sus tutores para platicar con sus esclavos o para jugar con Bonosus. Pero quizá esto no le hizo tanto daño a el como sus tutores pensaban pues toda clase de hombres educados se reunían habitualmente en la casa de Eusebio su padre y Jerónimo tomó muchas cosas buenas de eso sin ni siquiera saberlo, tanto que cuando el y Bonosus entraron a la escuela de Gramática en Roma a la edad de diecisiete, Jerónimo fue declarado, para sorpresa de el mismo y de Bonosus, estar tan avanzado como el resto.Por tres años permaneció en Roma, viviendo en la misma casa que su amigo, pero aunque comenzó bien, los reportes de su conducta que envió a su casa el encargado de los estudiantes foráneos, responsable de vigilar su comportamiento, no eran tan buenos como habían sido en un principio. El iba demasiado a teatros, decía el inspector, y era visto muy frecuentemente en carreras de carretas.De hecho, se había descarrilado por la excitación y los placeres de una gran ciudad y de ser, en cierto sentido, su propio amo. Pero aunque ciertamente permanecía ocioso, era visto invariablemente en los tribunales, escuchando cada caso celebre que estuviera transcurriendo, siguiendo con sus ojos a los furiosos demandantes y tratando de de distinguir por si mismo cuáles eran los puntos débiles.

Después de un tiempo las cosas mejoraron y las cartas del inspector comenzaron a ser más alegres. Jerónimo había crecido aparentemente acostumbrado a las diversiones de Roma e iba menos y menos a los teatros. Por otro lado, el era más grande entonces y había descubierto que las compañías que en un principio había pensado que eran inteligentes, en realidad eran tontas y vulgares y sus bromas lo cansaban y aburrían. El tenía este estado de ánimo cuando la oportunidad lo arrojó a una sociedad de hombres jóvenes de un tipo muy diferente, quienes consideraban los placeres de este mundo como serpientes del Maligno; y su madre se regocijó cuando el escribió a Stridon que la mayor parte de sus domingos los pasaba en compañía de sus recién encontrados compañeros explorando los pasajes ocultos y tubas escarbadas en las sólidas rocas bajo Roma, donde los mártires cristianos fueron enterrados.

Después de esto él recibió el bautismo, cuando Liberius era Papa.

De acuerdo a la ley romana, a ningún extranjero le era permitido permanecer como estudiante en roma después de su cumpleaños número veinte, así que Jerónimo y Bonosus retomaron su camino de regreso a Aquilea, Jerónimo cargando consigo la preciosa biblioteca que había recolectado y de la cual nunca se separó. Por supuesto que los libros eran muy diferentes a los nuestros y no ocupaban mucho espacio. Eran copias en tinta de otros manuscritos que tomaban un largo tiempo en hacerse y en ocasiones eran también muy costosos. En aquellos días y por mil cien años después, los hombres se ganaban la vida copiando, como lo hacen ahora por imprimir.

Pero los dos jóvenes hombres eran muy inquietos para quedarse en Stridon. Al menos Jerónimo era demasiado inquieto y Bonosus usualmente parecía haberle seguido. Por lo tanto se pusieron juntos en camino a Galia, donde conocieron a Rufinus, el hombre a quien Jerónimo quiso con devoción y quien después de tratarlo le causó tan profundo dolor. Fue la influencia de Rufino la que fijó en su mente el estudio de las escrituras, las que en adelante fueron la obra de su vida.

Cuando después de regresar de su viaje de Galia, que duró varios meses, los dos viajeros regresaron a Stridon, encontraron que habían tenido lugar muchos cambios durante su ausencia. En Aquilea se había formado una sociedad especialmente para estudiar las escrituras, los miembros se alejaron de toda clase de placeres y buscaban solo el bien de sus almas. Muy pronto su fama hizo ruido en el extranjero y otros tantos llegaron para unírseles y en medio de estos estaba la dama noble romana Melania y para la intensa alegría de Jerónimo, su amigo Rufinus. Debido a que los miembros de la sociedad se preocupaban por las mismas cosas y la mayoría de ellos habían sido cuidadosamente educados, sus encuentros constantes les resultaban muy placenteros y con el arribo de Evagrius de Antioquía poco después y sus lecturas de los lugares santos de Palestina, se despertó un fresco interés. Desafortunadamente algo que no sabemos vino a poner un fin a estas reuniones y sus miembros partieron rumbo a diferentes caminos.

Bonosus navegó sobre el adriático a una pequeña isla, donde se convirtió en ermita; Melania, Rufinus y algunos de los otros se fueron al Este y Jerónimo, determinado en seguir a Evagrius a Antioquia, viajó a través de Grecia y Asia Menor. Dejó a sus padres y a un hermano menor y su hermana, pero cargó consigo sus amados libros, de los cuales nunca se separó.

En Antioquia fue ordenado sacerdote, aunque parece dudoso si alguna vez ofreció un solo servicio. Después de descansar por pocos meses en las arboledas en los bancos de Orontes, se fue solo al desierto que se estrecha entre las montañas del Líbano y el río Éufrates. Este fue un paso muy tonto que tomó, pues su salud estaba siempre mal y las fatigas de su viaje desde Italia le habían traído una severa enfermedad de la cual difícilmente se había recobrado. De cualquier forma, permaneció en el desierto cerca de cinco años sin ver a nadie que no fuera un ermita como el, pues el país estaba punteado con sus celdas y los escorpiones y bestias salvajes eran, como el mismo decía, sus diarias compañías

5 Comentarios en “El Santo con el León (Primera Parte)”

  1. 1
    osoblancohermitanio:

    Muy buena idea de colocar vida de santos.Son los arquetipos fundamentales para nosotros..Unidos en la Santa Misa

  2. 2
    Felipe Alanís - Monterrey:

    Gracias Fray! Que bueno que le gustó la idea…

  3. 3
    Aristóteles:

    DIOS NOS BENDIGA… Y NOS ALCANCE LA SANTIDAD.

  4. 4
    dra leticia flores trejo:

    Dios les bendiga
    Es muy importante publicar vidas de Santos, ya que nuestros jóvenes y niños están viendo en todas partes artistas, cantantes y hasta personajes de la historia y política cuyaos ejemplos no son recomendables
    GRACIAS

  5. 5
    Abel:

    Hola y buenas tardes. Alguien me podria decir donde puedo comprar la obra de Sor Maria de Jesus de Agreda “Misica Ciudad de Dios”? No encuentro por donde. No se si este sitio sea el adecuado para preguntar pero no se a donde mas. Gracias.

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