Aquí en Monterrey, el periódico de más tiraje se llama el El Norte, del Grupo Reforma. El día 13 de Marzo, una de sus columnistas escribió un artículo en donde se dirige peyorativamente a la celebración conforme el misal de San Pío V.

Me sentí obligado moralmente a contestar dicho artículo, pero por alguna razón mi respuesta no fue publicada ni en la ediciòn impresa ni en la electrónica ni como comentario bajo el artículo; por tal motivo, mi único remedio es compartirlo desde este virtualmente desconocido blog mío.

Les transcribo el artículo y luego mi respuesta:

El péndulo atorado

Rosaura Barahona
13 Mar. 08
El péndulo tiene demasiados años del lado derecho. ¿Estará atorado? ¿Cuándo cambiará su posición? Ya hace falta una sacudida de conciencia como la del 68.

Si hago una lista de las últimas muestras del dominio del conservadurismo no me alcanza el espacio. Pero mencionaré algunas.

El atentado contra el II Concilio Vaticano por parte de Ratzinger y sus operarios, la misa en latín, de espaldas a los asistentes, música sólo sacra, numerosos nombramientos a jerarcas católicos siempre conservadores, el silencio atroz sobre la pederastia dentro de la Iglesia católica y la complicidad del Vaticano, el aumento del poder de los legionarios de Cristo y del Opus Dei en diversas regiones del mundo, los ataques constantes y costosos en contra del laicismo, leyes (como la propuesta de la familia aquí) basadas en documentos vaticanos, la lucha en contra de los anticonceptivos, los partidos políticos de derecha haciendo de las suyas tan impunemente como aquellos contra los cuales lucharon, las mujeres exaltadas en los discursos y ninguneadas en la realidad, los crímenes y fraudes ignorados cuando los cometen políticos o ricos…

Todos tienen consecuencias, aunque algunos no lo crean. Déjeme tomar el ejemplo del control natal. El domingo, EL NORTE trajo un reportaje impactante sobre las casas construidas en lugares cercanos a Monterrey. Las fotos nos muestras enjambres humanos. Y no podemos sino preguntarnos cómo toda esa gente se trasladará a y regresará de sus lugares de trabajo, en dónde estudiarán sus hijos, qué iglesias y centros de salud hay en los ahora abarrotados pueblos para atender la demanda que habrá con el aumento desmesurado de la población.

Al estarlo leyendo recordé un viaje en avión que hice con una colega muy conservadora, quien ante el espacio vacío que sobrevolábamos dijo: “No sé cómo insisten en el control natal con esta cantidad de terreno casi infinita sin cultivar y sin habitar”.
Traté de explicarle primero que no toda esa tierra era habitable ni cultivable y, segundo, que no era nada más en dónde poner las casas, sino los recursos necesarios para tener una forma de vida decorosa: alimento, agua potable, pavimento, drenaje, oficinas, comercios, luz, escuelas, hospitales, áreas verdes, restaurantes, manejo de desechos, iglesias, centros de diversión, transporte…

Fue inútil. Está convencida de que si tenemos muchos hijos como sea saldremos adelante. Ante la pregunta de por qué, entonces, no hemos salido adelante con lo que somos ahora, su respuesta fue: “Porque hay mucha corrupción”.

No sé si es simplismo, ingenuidad, ignorancia, otra cosa o una mezcla de todo, pero quienes creen eso, lo dicen y se quedan tan tranquilos; jamás se cuestionan.

Porque no hablamos sólo de pueblos cercanos a Monterrey, cuya forma de vida ha sido alterada para siempre de forma sorpresiva e irreversible. Hablamos también de esta misma ciudad. Por ejemplo, hacia el sur, todos los carriles que llevan de Garza Sada a la carretera nacional se vuelven uno y medio (gracias al tránsito constante de tráileres) al llegar al cruce con Lázaro Cárdenas. ¿Desea ver un congestionamiento vial peor que el de Gonzalitos? Dese la vuelta hacia el sur en las horas pico. Hay parálisis vial.

Pero estos conservadores, como viven en colonias exclusivas, no sudan ni se acongojan. Pueden seguir teniendo todos muchos hijos porque creen que se pueden dar ese lujo. Alguien debería explicarles que tener hijos es una responsabilidad personal, pero también social, precisamente porque se debe pensar en los recursos renovables y no renovables, siempre limitados en este Tercer Mundo.

Para concentrar el poder, los Legionarios de Cristo andan comprando colegios por todos lados. Vea usted en Youtube a dos o tres grupos de padres de familia españoles explicando cómo no se les avisó nada sobre la venta del colegio de sus hijos. Cuando ellos notaron cambios en los contenidos educativos y en la metodología docente, preguntaron y al saber la noticia sacaron a sus hijos del colegio, con los problemas que eso implica.

Ya toca un cambio, pero con la riqueza concentrada en menos manos que nunca, me temo que no lo veremos pronto. Qué triste.

rosaurabster@gmail.com

Ahora si, mi breve respuesta:
En relación al artículo del 13 de Marzo, no pretendo debatirle a la señora Barahona su urgencia por la reducción de las familias, que promueve porque no quiere ver “un congestionamiento vial peor que el de Gonzalitos”.

Mi interés de escribir es solo para pedirle que no mezcle peras con manzanas. Porque también por “simplismo, ingenuidad, ignorancia, otra cosa o una mezcla de todo” como ella dice, uno pudiera hablar de las Misas en latín y de los ignominiosos actos de pederastia de una ínfima parte del clero como si evidenciara conexión alguna entre ellos.

Por otra parte, aunque respeto su arrojo, lamento que exhiba su ignorancia al lanzarse como defensora del Concilio Vaticano II y en el mismo renglón denostar el uso del latín y la música sacra en la Misa. No se qué Concilio Vaticano II haya leído tan respetable columnista, pero en la única constitución conciliar sobre la liturgia (se llama Sacrosanctum Concilium) en el artículo 54 se pide que se conserve el latín y en el 116 se establece como propio de la Iglesia el Canto Gregoriano y se estimula la Polifonía.

No le pido que valore la belleza, el silencio y la espiritualidad de la Forma Extraordinaria del Rito Romano a la cual, también con simpleza, llama “misa en latín, de espaldas a los asistentes”; definitivamente se requiere otra actitud para apreciar más de 1,500 años de Tradición (con mayúscula).

Le envío un emotivo saludo.


Ahora bien ¿Porqué creen que no habrán publicado mi respuesta? ¿es muy extensa? ¿fuí demasiado sarcástico? ¿fui grosero al reconocerle su evidente ignorancia?¿Qué opinan?