Por Martha Hernández Aune -  EEUUImagen1.jpg
Era cuando teníamos solamente dos niños, los dos menores de cinco años de edad, cuando por vez primera oí hablar de madres que educaban a sus propios hijos. Me pareció muy agradable la idea, pero al contemplarlo, pensé que seria una tarea monumental y más allá de mis capacidades. Dejé caer unas palabras entre conocidos para medir las reacciones. Pensé que si podría obtener ayuda con los estudios más difíciles o por lo menos un poco de apoyo, lo intentaría. Lo que pasó, fue que la gente me miraba como si hubiera perdido el juicio. Así pues, deseché la idea como siendo irreal.En su momento, inscribimos a nuestros hijos en escuelas privadas, confiando en que una escuela católica, los educaría muy bien. Pues, me enteré de que las escuelas católicas ya no eran tan católicas como en tiempos pasados. Lo más lamentable es la falta de monjitas en nuestras escuelas. Y no todos los maestros son católicos. El programa de religión era tal que incluso los protestantes estarían cómodos con las enseñanzas. La misa semanal de los niños era un espectáculo ruidoso de irreverencias. Cuando a mi hijo lo prepararon para su primera comunión, le dijeron que tenía que recibirla en la mano. Y una vez el portero intimidó a mi pequeña hija cuando ella entró a la iglesia para visitar a Jesús como yo le había aconsejado; así que después ella nunca procuró otra visita. Era obvio que la escuela no iba a ayudarme a educar a mis niños como esperaba.

Dios ha designado que los padres sean los educadores primarios de sus hijos. La escuela debe ponerse al servicio de los padres, puesto que es a ellos a quien Dios confía el alma del niño. Las escuelas son simplemente una ayuda en la tarea de educar al niño, y nada más. Para mí, no había otra opción que retirar a nuestros hijos de la escuela. Continuar, hubiera sido un peligro para sus almas, que al final acabarían con una creencia más protestante que católica. Pero ponerlos en escuelas públicas era inadmisible. No tenía ninguna duda en que eso resultaría en hijos prácticamente paganos, desposeídos de todo sentido de lo bueno y lo malo. La única alternativa era una educación a fondo católica por una maestra que los amaba más. Yo.

Durante tres años yo había examinado los libros de la escuela y los papeles que traían a casa mis hijos, había notado que no era difícil lo que estaban aprendiendo. Con tales pensamientos me animé. ¡Sabía yo contar hasta 100! ¡Podía sumar y restar! El único obstáculo que me quedaba era mi marido, que con una imaginación fantástica, preveía a sus hijos ya adultos, como analfabetos ignorantes. Poca fe tenía en su mujer y la madre de sus niños. Pero entendía yo algo, y esto es muy importante: Con la gracia del sacramento del matrimonio, Dios concede a los padres TODAS las ayudas necesarias para criar y educar a los niños. Todo lo que tomó para convencer al esposo, fueron unas pocas palabras: ”No tendremos que pagar los altos costos de la escuela.”

En nuestro primer año enseñé el 4to grado y el 2do grado. Había solicitado un programa católico completo, que incluía planes para las lecciones, los manuales de maestra, y unos libros maravillosos. Incluyeron también rosarios y estampitas de santitos. El trabajo en esos niveles era tan fácil que acabábamos en unas 3-4 horas. Pero lo más importante, fue que tuvimos la oportunidad de atender misa diariamente y eso juntos. Así aprendieron a portarse bien mis hijos en el templo de Dios. Un día a la semana, nos íbamos a la biblioteca a sacar hasta el límite, todos los libros que nos podíamos llevar. Pasábamos ese día entero en el placer de la lectura. Todos los viernes eran días del arte. Pasábamos muchas horas con los crayones, pinturas y lápices. La lectura y el arte son los más gran placeres para mi. Recreándome en esto con mis hijos a mi lado ha sido un alegría.

Ya con tiempo y experiencia detrás de mí, pude planear mis propios programas, usando los libros que yo deseaba, seleccionando los temas y apoyando los talentos que noté en los niños. Dos de mis hijos tienen talento para la música, así que los hice comenzar en lecciones de piano. Una, aparte de sus talentos para la musica, también pinta bellos dibujos. Otro, tiene la mente para matemática, así que lo alisté en una clase de cálculo. De esta manera, he estado en completo control no solamente del alimento físico, sino también del espiritual e intelectual de mis hijos.

Los niños florecen cuando el amor los rodea y su ambiente se arregla para reflejar la belleza, la verdad, y la bondad de Dios. ¡Que el hogar se llene de bella música! ¡Que los estantes se llenen de buena literatura y de lectura católica y el hogar se adorne con arte e imágenes religiosas! Papá una vez me dijo que los niños cada segundo aprenden, aunque nadie les estén enseñando activamente. Son como unas esponjas que absorben los sonidos, todo en vista, tomando de todo alrededor de ellos. La madre-maestra tiene la oportunidad - la gracia - mientras estén en casa, de darles a sus hijos un ambiente totalmente católico. así, ya salen preparados y armados para vivir limpiamente en un mundo tan lleno de vicio.

Para los que toman interés, mi educación consiste en solamente 14 años de escuela, con dos de esos años al nivel de universidad en las artes y ciencias liberales. La experiencia de enseñanza que tengo, aparte de la educación de mis propios hijos, es haber sido por 7 años, catequista. También doy/he dado lecciones particulares privadas en matemáticas y español. Conozco madres-maestras con más educación que yo, como también algunas con menos. Realmente, lo que más se necesita para educar en casa, es la gracia del sacramento del matrimonio, oraciones, leer mucho, y quizás, el apoyo para perseverar. El Doctor Guillermo Marra (r.i.p.), gran defensor de la educación en casa, decía que si los hijos permanecen en casa para la educación y no aprenden nada, pero salvan sus almas, ellos ganan todo. Agregaría yo que si de las escuelas salen los alumnos eruditos, pero sin fe, han fallado. Sin embargo les aseguro que la educación en casa es una historia del éxito. Los niños si aprenden.


PS: El dibujo lo hizo mi hija, yo solamente apliqué el color.