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La parte que llama la atención es esta (negritas mías):

2. Metodológicamente, el P. Vigil recurre a lo que él denomina “metodología latinoamericana”, es decir –en palabras del autor- “la que se guía por aquel conocido esquema de «ver, juzgar y actuar»” (p.14). La pretendida unión entre la teoría y la práctica se ve, sin embargo, condicionada por incorrectos presupuestos metodológicos, como son la asunción acrítica de una filosofía racionalista que niega de facto la posibilidad real de la intervención de Dios en la historia, la lectura e interpretación de la Sagrada Escritura al margen de la Tradición eclesial, la hermenéutica del Concilio Vaticano II en clave de ruptura, la negación del Magisterio como intérprete auténtico de la Palabra de Dios escrita y transmitida, una concepción relativista del hecho religioso, una comprensión sociológica de la Iglesia y una presentación ideológica de la Historia de la evangelización[1].

Independientemente, no parece mala idea que se realizaran notificaciones cada que alguien escriba sobre el Concilo Vaticano II con una interpretación de que lo de antes de dicho concilio ya no es válido hoy o incluso hasta es nocivo para la fe de los católicos.