Martin Mosebach (4/6) La reforma pastoral de la Misa ha fallado de acuerdo a sus propios criterios.

Continuamos con las 6 tesis de Martin Mosebach


La reforma de la Misa de Pablo VI puso el énfasis no en la adoración a Dios, sino en el apaciguamiento, en catequizar, manipular e incluso entretenimiento de la congregación. El sacerdote de frente a la congregación, como el presentador de un programa de televisión; cuando reza a quien se dirige, aún si parece que se dirige a Dios, es a la congregación en quien el desea encender sentimientos religiosos y guiar espiritualmente. Justo como los educadores se esfuerzan para tener a sus pupilos implicados en las clases, la congregación es incorporada en la acción sagrada como si de otra manera su interés fuera a menguar.

Cuando el sacerdote hace algo, le gusta explicarlo de antemano. Se ha sabido de algunos sacerdotes que dan cuatro o cinco homilías durante la Misa. En el Padre Nuestro le pide a la gente que una sus manos, los adultos permanecen ahí parados en sus bancas como si estuvieran en la escuela. En el Saludo de la Paz el sacerdote deja el altar para chocar sus manos en una curiosa coyuntura tardía, pues para entonces todos ellos han estado juntos ya por algún tiempo. Entretanto, mujeres y niños pueden leer algo en voz alta, frecuentemente textos que ellos mismos han pensado. El sacerdote venido a tío, que supervisa, se sienta entonces modestamente a un lado, pretendiendo que escucha sinceramente.

Los motives dados por la reforma de la Misa son pastorals.  El reclamo es que los éxodos de fieles debía de ser prevenido. “Pastoral” en este sentido, constantemente sopesa la reacción de la congregación durante las oraciones, la Misa vieja ciertamente no. El viejo rito fue frecuentemente celebrado incluso sin la presencia de los fieles ‘in conspectu angelorum’.

A pesar de este hecho, si bien no “actuado” por la congregación sino más bien presenciado por los fieles que daban gracias por la gracia de estar presentes, la vieja Misa preservó la Fe en una manera que hasta hoy no ha sido superada. Quienquiera que atendiera la misa sabía que era testigo de la presencia de Cristo. La manera en que la Misa es conducida hoy día no garantiza ya más esta entrega de la Fe.

Generaciones enteras de gente joven han desde entonces llegado a una época en que no se conoce más lo que es un sacramento, que no conoce mas el Credo y el Padre Nuestro de corazón. Esto, sin embargo, es el resultado de una reforma de la Misa orientada pastoralmente, una reforma de la Misa que ha vaciado las iglesias. Por eso entonces se puede decir que la reforma de la Misa ha fallado de acuerdo a sus propios criterios.  Este rompimiento único con nuestra entera tradición religiosa no ha mantenido a la gente en la iglesia ni ha transmitido el Depósito de la Fe a aquellos quienes quedan.

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