Continuamos con la traducción de 6 tesis del reconocido autor católico alemán Martin Mosebach.
3.- El objetivo de la reforma no fue la consolidación, sino más bien la rescisión de la disciplina.
Todas las reformas eclesiásticas del pasado habían buscado el reestablecimiento de la disciplina, para así detener la declinación en el orden de la Iglesia. La afirmación de que la Iglesia siempre fue una “ecclesia semper reformanda” se refería al simple hecho humano de que los pesos son felizmente descartados y las reglas enterradas. Las reformas monásticas de Cluny y Citeaux, aquellas de la orden Carmelita y la reforma del Concilio de Trento están asociadas con un regreso a un régimen más austero, un reinado más ajustado, un regreso a la radicalidad religiosa, hacia el restablecimiento de una disciplina espiritual que se había salido del camino.
La reforma litúrgica post-conciliar es la primera reforma en la historia de la Iglesia que no pretendía reestablecer la forma, en vez de eso vislumbraba su disolución, abrogación y relativización. Hoy, toda forma de orden litúrgico está de facto a la discreción individual. La Confesión ha sido ampliamente abolida. El Ayuno obligatorio ha sido reducido a dos días en el año, el ayuno eucarístico simplemente no es más requerido. La Música litúrgica y el arte litúrgico no son más sujetos de orden. El criterio para cualquier forma litúrgica hoy en día es solamente lo que es “aceptable” y “accesible”. El listado de reglas litúrgicas de conducta que el moderno devoto no “acepta” más, es extenso. Arrodillarse está completamente fuera de cuestión, el lenguaje ritual no es accesible; el tiempo de las Misas debe de ser conveniente; los pasajes de la Escritura que de alguna manera son inquietantes o incómodos, son retirados. Cuando los fieles reclaman que la liturgia “no es relevante para ellos”, que ellos “no se sienten implicados en la liturgia”, que la liturgia “no les habla a ellos”, la reacción de los teólogos siempre es la retirada; los párrocos que toman a su cargo el comité litúrgico de su parroquia no pueden esperar protección de su obispo, solo el cargo de no ser suficientemente acomodaticio, de no estar debidamente subordinado.
La reforma de la liturgia no tiene nada en común con las reformas religiosas en el antiguo sentido de la palabra. Se asemeja la febril mentalidad de ofertas especiales y rebajas de liquidación de una tienda departamental desesperada por atraer clientes.
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