Continuamos con la traduccioin de 6 tesis del reconocido autor católico alemán Martin Mosebach, quien hace un mes estuvo participando en una serie de platicas auspiciadas por la Sociedad de San Juan Cantius en Nueva York.
2.- La Nueva Misa no es la Misa del Concilio Vaticano Segundo
La reforma litúrgica post-conciliar no puede hacer la reclamación de estar basada en la Constitución Litúrgica del Concilio Vaticano Segundo. Lo que los Padres Conciliares previeron cuando aprobaron esta Constitución es totalmente ambiguo. Primero y sobretodo demandaron cuidado para revisar los libros litúrgicos. Prohibieron cualquier alteración de la Liturgia que no asegurara beneficio. Confirmaron el carácter obligatorio del latín como lenguaje de adoración y permitieron el uso de lenguaje vernáculo solo en circunstancias pastorales extraordinarias. Sobre todo estaban en sus mentes las misiones en el extranjero, aunque son precisamente estas culturas no europeas las que no tienen problemas con la noción de un lenguaje ritual. Ellos querían que la Lectura y el Evangelio fueran en la lengua local, la omisión del Salmo “Iudica” y del prólogo de San Juan al final de la Misa. Querían eliminar “innecesarias repeticiones”. Sobre todo, esto significaba que el sacerdote no continuara diciendo el Gloria y el Credo en silencio mientras la congregación cantaba o lo decía en voz alta, sino que el pudiera decir estas oraciones junto con la congregación.
Juan XXIII revisó el misal manteniendo estas ideas y en 1965 publicó un misal que reflejaba la voluntad de los Padres Conciliares. Las desviaciones eran mínimas: no había interferencia con el acta del rito actual. La Misa de hoy, o mejor dicho las Misas, porque no existe más una versión obligatoria, no hubieran tenido oportunidad de ser aceptada por los Padres Conciliares. El camino tomado desde el rito sacrifical ofrecido ante Dios hasta el banquete orientado hacia la congregación que encontramos generalmente hoy, no fue deseado por los Padres Conciliares. Los elementos más importantes de la práctica actual de la Misa, como la celebración de la Misa mirando hacia la congregación y no con el sacerdote uniformemente mirando al Este y la distribución de la Comunión en la Mano y no en la boca ni siquiera son partes integrales de la reforma de la Misa de Pablo VI. Estas fueron despojadas de Roma en desobediencia a las instrucciones del misal.
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