No quisiera que se perdiera de la historia el seguiente reportaje que Vanesa Robles publicó en Milenio Diario.
Las llamadas Misas de Liberación se están volviendo muy “populares”, el reportaje que cito hoy bien representa un fenómeno que yo he conocido que existe en mi ciudad y en muchas partes de nuestro continente.
Sin embargo me queda la idea que al igual que el movimiento así mismo llamado de Renovación Carismática, este tipo de reuniones provoca en la gente una afición por la inmediatés, de tal modo que una experiencia religiosa se vuelve exitosa o no según los signos sensibles que se presentan.
Por supuesto que no puedo negar la posibilidad de alguna actividad manifiesta por parte del maligno y si bien no veo claro cómo puede integrarse este tipo de reuniones de oración en la Tradición de la Iglesia, lo mínimo esperable es que se respetaran las formas litúrgicas de la Misa como un momento aparte.
En fin, que me parece un tema interesante para discutir con otros amigos de espiritualidad tradicionalista, pues en el reconocimiento de la personalidad del Diablo tendremos puntos en común pero en las formas tan “inovadoras” de oración veremos divergencias con este tipo de interés por las reuniones “de sanación”.
Al final, me quedo con el detalle de la clásica mexicanada: no importa lo grave de cualquier momento, siempre hay lugar para terminar con una fiesta popular (kermesse, pachanga o como se le llame)
——————————————-
Contra el diablo, una misa surrealista
Ahí cada jueves, alrededor de las seis de la tarde, el diablo acude puntual a manifestarse en los cuerpos de algunos feligreses. Y los párrocos Elías y Andrés a darle una lucha que puede extenderse varias horas con aullidos, intentos de escape, convulsiones y arrepentimiento.
Las actividades formales comienzan antes, a las cinco de la tarde: una misa católica común. Pero la mayoría no va a eso. Acude a convencerse de la existencia del demonio. De la existencia del Dios católico. De que Dios puede más que el demonio. Eso ocurre después, cuando la ceremonia ha terminado y Elías pronuncia la oración de la Sangre de Cristo: “Señor Jesús, en tu nombre y con el poder de tu sangre preciosa sellamos toda persona, hechos o acontecimientos, a través de los cuales el enemigo nos quiera hacer daño”. El enemigo es el diablo, no hay necesidad de aclararlo. Luego los sacerdotes, con una cruz de la Custodia plateada, se abren paso, como un cuchillo en la carne, entre el gentío que abarrota el edificio.
En ese momento, el pandemonium rompe los cantos, alabanzas y llanto de los creyentes.
Se escucha un aullido cerca del altar. Luego un grito en la parte de atrás. En medio del gentío cae una tercera. Una de las primeras vomitó una sustancia verde, en pleno pasillo. Otra corrió con los ojos en blanco, como con un impulso de escapar y al mismo tiempo de ser atrapada. La atrapó una docena de hombres con delantal amarillo, la sometió con dificultad. En el piso, otra vez los gritos, los insultos, el llanto, la convulsión, la rigidez y el desmayo, los gritos…
Llegar a San José del Quince es fácil si uno se lo propone. No toma más de media hora desde el centro de la ciudad. Había que llegar temprano, recomendó el padre Elías: después sería casi imposible ingresar al templo. El poblado está frente al aeropuerto de Guadalajara, tras el pestilente canal a cielo abierto que aloja el agua negra de la urbe. Una comunidad pobre, con dos o tres calles que no se deciden entre el pavimento, el empedrado y la terracería y un templo modesto, de ladrillo aparente, a los pies del quiosco.
Eran las tres de la tarde y dos agentes de Tránsito ordenaban el tráfico. Hace unos dos años, cuando las misas de sanación de los enfermos ya eran famosas, el propio Elías pidió el apoyo. Los agentes saben lo que ocurre dentro de la iglesia y lo que pasará fuera. Dentro están los espíritus. Afuera, camiones repletos de gente muy pobre y automóviles último modelo semivacíos de gente muy rica llenarán las calles de la colonia y habrá que poder orden.

El interior del templo de la comunidad. A las misas acuden más de mil personas. Foto: Luz Vázquez
Antes de la misa, Andrés sugirió a las madres llevar a sus hijos al servicio de guardería de la parroquia: “No vaya a ser que se les meta un chamuco”.
¿Cómo se puede meter un chamuco? La respuesta la dio el padre Elías un día antes, en una entrevista. Los que recurren a la magia, lectura de manos, café, cigarro… al ocultismo y esoterismo, dejan las puertas de su alma dispuestas. “A una tuvimos que quitarle un aro de la lengua, esa fue su salvación”, dijo convencido. En otros casos es peor, porque alguien les hace un trabajo. Unos y otros son presa de sirvientes de Satanás, demonios menores.
En Guadalajara, hay un grupo de 18 sacerdotes que se dedican a mandar a los diablillos a los pies de Cristo en la cruz.
Durante la oración de sanación, después de la misa, Elías añadió como puertas de entrada de los sirvientes del diablo al alma la práctica de la yoga, la meditación trascendental. Y Bertha Ríos, la vendedora de rosarios, complementó: “El rock, la brujería, el satanismo, las misas negras, la consulta del ocultismo, la ouija, la magia. Los que quieren salud, dinero y amor”.
Quién sabe si los 1,500 que acudieron a la ceremonia habrán recurrido a esas cosas. También había una mujer asmática, un hombre con una herida en la pierna. Un muchacho con parálisis cerebral. La mayoría lloraba. El calor se fue haciendo insoportable. Los cantos no cesaron ni un segundo.
Los gritos indicaron a los sacerdotes y sus ayudantes el camino. Aquel jueves todas las posesas fueron adolescentes, y sus alaridos de este mundo: como cuando a una niña de secundaria le ponen un insecto en la mano. Una quiso escapar: vestía con un uniforme escolar deportivo: una camiseta con cuello de cuadros escocesa y un pants. Estará abandonando la niñez apenas. Y ya cree que algo horroroso vive en su cuerpo.
Otra, permanecía en el atrio, con los ojos desorbitados. Fue la liberación más larga. “¡Expúlsalo!” ordenaba Elías: “En tu nombre yo lo expulso en este momento”. “¡Cállate imbécil, no me voy a ir!”. “¡Quítate imbécil, idiota!”, respondió ella una y otra vez mientras se retorcía. Finalmente, besó la Custodia. El templo entero aplaudió y lloró.
Al final, mientras la muchacha se comía una tostada con mucha salsa, en una quermés de la parroquia, le pregunté si en verdad pensaba que tiene al diablo encima. “Sí”, respondió con una sonrisa angelical. “Me embrujaron por envidia. Y todavía no ha salido por completo”. Para eso están las misas de los jueves en San José del Quince.

Feligreses en oración por los enfermos. Las alabanzas y cantos duran varias horas.
Señor cura de la Parroquia San José del Quince
El enemigo busca la manera de engañar y se vale de todo; es un ángel mentiroso y un ángel de luz… El demonio es un ente real que tiene facultades espirituales: es un principio de la Iglesia y la palabra de Dios. El juego de la ouija, entre otras acciones, voluntarias o no, conscientes o no, son una puerta a la invocación de muchos espíritus. El día que la persona va a renunciar a la invocación, la brujería, el esoterismo, la meditación o un daño que le hicieron, vendrá la venganza: el demonio no da gratis y lo primero que pide es el alma
El comportamiento: el poseso le tiene pavor a las cosas santas. Se vuelve muy hipersensible aquella persona que ha sido dañada por sí sola y otras personas y, a la hora de la liberación vomita, incluso convulsiona. Antes, ese enfermo se sentía diferente: “Como que algo se rompió dentro de mi persona”. El mago o el brujo tienen pacto con el demonio y éste buscar un emisario. En Guadalajara, cientos de personas acuden con brujos para buscar bienes materiales
La persona que acude a las misas para ser liberada está perturbada a causa de una práctica voluntaria o no. Debe renunciar a eso de manera conciente. El demonio no es tonto y no entra en cualquier persona, sino de preferencia en las que viven en pecado. En una oración de liberación se manda al espíritu a los pies de Cristo en la cruz. Hay espíritus tercos, pero en cada sesión se sabe qué hizo el enfermo o qué le hicieron.
Es una misa normal. La fuerza de Dios no está en una oración, sino en lo que yo voy a recibir. El cuerpo de Cristo es la parte fuerte de la liberación: si los asistentes al acto lo creen así. Las misas de liberación no existen, existe la oración por los enfermos espirituales y físicos. Falta que la persona se convenza. La oración por sí sola no hace nada, si no hay un proceso de evangelización profunda; el convencimiento de que Jesús va a entrar en mí. Siento que a mucha gente le falta convencerse.

En el acto de liberación varias personas auxilian a los párrocos.
Psiquiatra y antropólogo
El hombre siempre ha tenido la iniciativa religiosa de contactar con el más allá, con los espíritus religiosos, con los dioses, porque necesita un enlace que lo pueda proteger y ayudar a salir adelante. Esto es normal. Pero algunas enfermedades se caracterizan por esa sensación de estar poseído […] Por supuesto, uno no puede tener un fenómeno delirante que esté no de acuerdo con su aprendizaje cultural. No puedo delirar que soy Buda si no estoy en ese contexto religioso: el delirio lo crea la cultura histórica
En la esquizofrenia, uno de los síntomas cardinales es la sensación de estar poseído, controlado, influido. Los pacientes escuchan voces, que hablan en tercera persona. Sienten que son un títere controlado y que no tienen voluntad propia. Que una fuerza externa está ejerciendo control absoluto […] Luego viene la fase epifánica: el paciente ya entendió todo. Después viene la fase apocalíptica, en la que todo se le revela en contra. La esquizofrenia afecta a 1 por ciento de la población mundial
Hay epilepsias que no alteran la psicomotricidad sino el pensamiento. Las personas pueden sentir que son penetradas o que un objeto cambia de tamaño. O que todo lo que sucede ya lo habían vivido: que están adivinando. Entre los epilépticos sicóticos son frecuentes los delirios místicos religiosos. Puede haber sensaciones de posesión. Los enfermos tratan de buscar explicaciones y dentro de su lógica alterada encuentran que es Dios o es el diablo
La histeria es el fenómeno más común. Hay personas con más posibilidades de sugestionarse y perder el contacto con la realidad. Saben cuál respuesta ofrecer a esa ceremonia. Los episodios histéricos desaparecen igual que como aparecieron. Los afectados entran en un estado en el que participan todos del mismo influjo. Entran en el juego. Las religiones dan esperanza, respuesta y apoyo, pero también control: la gente busca identidad y sobre todo tranquilidad.

El sacerdote Andrés con la Custodia. Los fieles tienen una fe profunda en que Cristo los auxiliará en la enfermedad.

Una joven durante la sanación. Esta escena se repite todos los jueves.

El demonio es un ente real, le dice el padre Elías Morales a la muchedumbre católica.

La bendición del agua y la sal. Decenas acuden a que sus pertenencias sean santificadas.

Después de la misa. Los feligreses celebran con una quermés.

Las calles de San José del Quince reciben a personas de distintas colonias de la urbe.




75 comentarios hasta ahora
Deja una respuesta