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May

Conferencia del CELAM en Aparecida

   Escrito por: Felipe en Temas Varios, Voz de los Obispos

Como quizá muchos de ustedes, me pregunto ¿cuál será el fruto del encuentro en Aparecida Brasil que comienza la siguiente semana? ¿Será otra repetición interminable de Puebla y Santo Domingo? ¿Ahora se hablará de sacralizar a las religiones Indígenas? ¿O acaso será posible que reconozcamos lo secularizados que estamos en la misma Iglesia?.

Por eso cuando leí esta entrevista, independientemente de que no conozco la vida y obra de este obispo, sus comentarios me hicieron mucha lógica. Dios quiera que nuestros Obispos coincidan con esta actitud autocrítica para poder encontrar los fundamentos del relanzamiento de la evangelización en el continente.


Buenos Aires, 17 Abr. 07 (AICA)

Crisis de oración personal, falta de fe viva en los ministros de la Iglesia, homilía dominical y enseñanza de la doctrina social de la Iglesia son, según monseñor Carmelo Juan Giaquinta, los cuatro problemas que más afectan a la vida de la Iglesia y que deberían tratarse en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano que se inaugurará en Aparecida (Brasil) el 13 de mayo próximo.

El arzobispo emérito de Resistencia, que actualmente reside en Buenos Aires, concedió ayer al director de AICA una entrevista en la que, con su característica agudeza y claridad de lenguaje, se refiere a los temas arriba mencionados.

El siguiente es el texto de la entrevista:

-Estimado monseñor Giaquinta, ¿Participará usted de la 5ª Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida?

-Mis hermanos obispos me eligieron como delegado suplente. Espero que ninguno se enferme y que no deba participar.

-Pareciera que no tiene muchas expectativas.

-Expectativas tengo muchas. Pero, si me entiende bien, no pongo mis esperanzas en la 5ª Conferencia.

-¿Qué quiere decir?

-Tengo muchas expectativas, porque una conferencia episcopal de ese nivel es muy rica para fomentar la comunión de las Iglesias de América Latina, orando los obispos juntos, e intercambiando puntos de vista sobre el tema capital propuesto por el papa Benedicto XVI: “Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan Vida”.

-¿Y por qué no pone sus esperanzas en la 5ª Conferencia?

-¿Recuerda usted lo que cuenta el Evangelio de San Lucas cuando la gente pensaba que el Reino de Dios iba a aparecer de un momento a otro? Jesús les propuso la parábola de un señor que distribuyó su capital entre diez servidores suyos para que, durante su ausencia, lo trabajasen con esfuerzo y responsabilidad. Del mismo modo yo con la 5ª Conferencia. Ante el peligro de poner en ella una esperanza mesiánica, me prevengo. Nada acontecerá con la Conferencia si en nuestras Iglesias, pastores y fieles, no nos dejásemos interpelar por el Evangelio de Jesús. Y, mirándonos en él, verificásemos con sinceridad los aspectos de los que estamos más faltos. Y nos ponemos a cultivarlos con la gracia de Dios y responsabilidad.

-¿Cuáles son esos aspectos?

-Tal vez el que más impide ser discípulo de Cristo es la crisis de la oración personal. En la Iglesia se la padece desde antes del Concilio. Y todavía no se la ha superado. De la exageración, se ha pasado en muchos casos al descuido total. Esto implica olvidar un aspecto fundamental de Cristo Maestro. ¿Cómo ser sus discípulos si no lo imitásemos en la oración personal?

-Si en Aparecida se enfocase el problema de la oración personal, ¿no se correría el peligro de caer en un análisis intimista de la acción evangelizadora de la Iglesia?

-Peligro se corre en todo. Incluso, en las cosas más santas. Pero no porque éstas sean en sí peligrosas, sino porque podemos usarlas mal. Podemos comulgar mal y cometer un sacrilegio. Sin embargo, la Eucaristía continuará siendo santísima. Lo mismo, con la oración personal. Podemos enfatizarla mal y no valorar la oración comunitaria, como acontecía muchas veces en mi adolescencia. Pero podemos descuidarla mucho, como acontece con frecuencia hoy, y entonces se preside la Misa sin fe viva, con el alma vacía. Es normal, entonces, que la gente huya de esas Misas.

-¿Usted pone en la falta de fe viva de los ministros de la Iglesia la causa de que no pocos católicos la abandonen?

-El abandono de la Iglesia Católica es un hecho complejo, que merecería ser estudiado seriamente. Por suerte ya no se lo enfoca a partir de prejuicios. Por ejemplo, que las sectas son impulsadas por el imperialismo norteamericano para debilitar la fe católica en América Latina, y así subyugar a nuestros países. O que proponen una moral más fácil, cuando la verdad es que a veces es todo lo contrario. Pero no cabe duda de que la fe en Cristo es un problema de capital importancia, digno de ser estudiado por la 5ª Conferencia.

-¿Se refiere a algunas cristologías difundidas en América Latina, como la de Jon Sobrino, que ponen en duda la divinidad de Cristo?

-Sin negar la importancia de la ortodoxia en la formulación de la fe en Cristo, no me refiero especialmente a ello. Me refiero a la falta de fe viva, o de la poca fe, tal como Jesús lo constató muchas veces. Primero, en los hombres religiosos de entonces: los escribas y los fariseos, que no creían en él. Y, también, en sus discípulos. “Hombres de poca fe”, fue uno de sus reproches más frecuentes. Todo lo que Jesús hizo y dijo fue para suscitar la fe. Alabó su presencia en gente a primera vista pagana. Por ejemplo, en la mujer cananea y en el centurión romano: “No he encontrado una fe tan grande en Israel”. Obró curaciones del alma y del cuerpo gracias a la fe que encontró: “Vete en paz, tu fe te ha salvado”. Y enseñó que la fe es todo lo que hace falta para salvarse. A Jairo, el jefe de la sinagoga cuya hijita acababa de morir, le dijo: “No temas; basta que creas, y se salvará”. Jesús enseñó claramente que sólo salva la fe viva: la fe animada por el amor. Que no es lo mismo que decir que el hombre se salve por la fe sola, sin caridad. La falta de fe viva, que Jesús constató, se da también hoy, y mucho, entre los cristianos, fieles y pastores.

-¿Le parece que el tema de la poca fe es un tema digno de una Conferencia Episcopal como la de Aparecida?

-Totalmente. Es el problema que más le preocupó a Jesús. ¿Cómo no habría de ser digno de Aparecida? El Viernes Santo rezamos por los que no creen en Cristo y por los que no creen en Dios. Y está bien. Pero la incredulidad de los creyentes, la poca fe, no es un problema menor. En cierto modo, es mayor. En no pocos casos es la ocasión que provoca casos de ateismo y de agnosticismo. Y, a causa de ella, se entibia nuestro discipulado o seguimiento de Cristo, y se paraliza la misión que él nos encomienda.

-En su opinión, para renovar la misión de la Iglesia, ¿a qué apostolado habría que atender especialmente?

-A la predicación. El último mandato de Jesús es “Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio a toda la creación”. Sin embargo, nunca analizamos cómo la hacemos. Ni hay una especial preocupación de preparar a los futuros sacerdotes para ella. En 54 años que llevo de sacerdote, y de ellos 27 como obispo, no recuerdo que hayamos analizado una sola vez cómo predicamos, cómo realizamos la homilía dominical. No recuerdo, tampoco, que lo haya hecho alguna de las Conferencias anteriores. Suponemos que predicamos bien. Pero la gente se queja. Si la predicación fuese más sólida, más orada, y orientada a nutrir la fe de los fieles, nuestras comunidades parroquiales serían más fraternas y misioneras. Y los cristianos tendrían una fe más robusta para enfrentar su vida en el mundo.

-¿Piensa usted que con el Evangelio se pueden enfrentar los problemas del mundo?

-La Doctrina Social de la Iglesia es fruto del Evangelio, parte integrante de él. No es un derivado menor. Y es capaz de iluminar los grandes problemas del hombre en la tierra.

-Algunos prevén que los problemas sociales irán en aumento y se agravarán. ¿La Iglesia se dispone a multiplicar en el futuro su función de mediadora entre las partes en conflicto?

-Que los problemas sociales se multipliquen y agraven en América Latina y en la Argentina, es probable. Incluso, que haya conflictos entre autoridades y sectores de la ciudadanía. Lo cual sería muy grave, pues la autoridad está para resolver los conflictos, no para provocarlos o agravarlos. Pero la Iglesia no aspira a constituirse en entidad de mediación en los conflictos sociales. La República tiene sus instituciones mediadoras. Y la Iglesia quiere su fortalecimiento. No desea suplantarlas. Ello desnaturalizaría su misión, contribuiría al descrédito de las instituciones, pronto se vería envuelta también por éste, y se incapacitaría para jugar su verdadero papel pacificador. Para la Iglesia es clara la palabra de Jesús: “¿Quién me ha constituido juez en Israel?”. Aspira, más bien, a anunciar su doctrina social con claridad. A reformularla permanentemente para adecuarla a las circunstancias, aun sabiendo que ello le ocasionará no pocos contratiempos. Y, de manera muy especial, se propone enseñar a los fieles laicos a ser ciudadanos responsables, capaces de aplicar esa doctrina en concreto, e intervenir ellos en la resolución de los conflictos.

-Entre los principios de la Doctrina Social, ¿cuáles habría que resaltar más?

-Todos. No dejaría de lado ninguno. Si miramos a la Argentina, puesto que necesitamos urgentemente transformarnos de habitantes en ciudadanos, enfatizaría la catequesis social sobre el Bien Común. Y, por lo mismo, la responsabilidad del ciudadano y la función de la autoridad. Como ciudadanos: los argentinos oscilamos entre la rebeldía y el espíritu servil. No acatamos la ley. Y no somos capaces de oponernos pacífica y democráticamente a la autoridad cuando ésta ordena algo contra la ley natural. Y como autoridad: ésta oscila, no pocas veces, entre la prepotencia y la adulación. Conductas todas que fomentan una larvada “guerra civil”, que estalla en formas que varían a través del tiempo. Ayer, golpes militares alentados por sectores civiles, la guerrilla revolucionaria, el terror de estado. Hoy, un sinnúmero de manifestaciones que denotan descontrol: huelgas manejadas políticamente, cacerolazos, piquetes, gatillo fácil, compra de voluntades mediante el clientelismo político. Si no se las previene y resuelve, pueden ser el germen de una violencia mayor. Estamos muy lejos de una paz social que, sin ser el Paraíso, permita el desarrollo armonioso de todas las personas y sectores que componen la sociedad civil.+

Este artículo fue publicado el Domingo 6 de Mayo del 2007 a las 10:44 pm; categorizado en: Temas Varios, Voz de los Obispos. Puedes dejar una respuesta después del último comentario. También puedes seguir las respuestas por medio de RSS 2.0 o bien por correo electrónico escribiendo tus datos y marcando la casilla al final de esta página.

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3 comentarios hasta ahora

ariel
 1 

Palabras muy claras del señor ovispo, Dios quiera iluminar a las Conferencias episcopales de America latina, y se comiense en serio a enseñar la Doctrina Social de la Iglesia, y se deje de lado tanto el conservadorismo como el progresismo que tanto mal hacen a la Iglesia. Es deber de todo Catolico orar mucho por este encuentro para que los ovispos de America junto Al Sucesor de Pedro Su Santidad Benedicto XVI muestren el camino que debe seguir la Iglesia de America Latina

Mayo 7 2007 a las 11:50 am
Pedro Rodríguez Ocampo
 2 

Los obispos de Brasil, reunidos en la 45ª Asamblea General, saludan a Vuestra Santidad y manifiestan su afecto, comunión y fidelidad.

El tema central de nuestra Asamblea General es la preparación para la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Le agradecemos a Vuestra Santidad el haber elegido a Brasil como sede de esa Conferencia, así como por su tema: “Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida. “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jo 14,17).

El pueblo brasileño está vibrante, en la expectativa de la visita de Vuestra Santidad, y se prepara en la oración para acogerlo, porque ama al Papa, Sucesor de San Pedro.

La presencia de Vuestra Santidad entre nosostros, en este Viaje Apostólico, es un testimonio del discipulado y de la misión de Jesucristo para nosotros.

Alegres por Vuestra Santidad haber elegido el Santuario Nacional de Nuestra Señora Aparecida, Reina y Patrona de Brasil, como sede de la V Conferencia, rogamos a la Madre de Dios por la protección de Usted y de su viaje.

La canonización del Fraile Antônio de Sant’Ana Galvão será una gran bendición para todos nosotros y fuerte incentivo para la santidad en la Iglesia.

Suplicamos la intercesión de la Virgen María, discípula por excelencia y misionera de su Hijo Jesucristo, para que muestre los caminos de la evangelización al Continente de la esperanza.

Bienvenido, Santo Padre, nosotros lo recebimos con mucho amor ! Le pedimos su Bendición Apostólica para la Asamblea General de la CNBB y para la V Conferencia, en Aparecida.

Itaici, Indaiatuba – SP, 2 de mayo de 2007

Cardenal Geraldo Majella Agnelo
Arzobispo de Sao Salvador da Bahia
Presidente de la CNBB

Don Antônio Celso de Queirós
Obispo de Catanduva, SP
Vicepresidente de la CNBB

Dom Odilo Pedro Scherer
Arzobispo de Sao Paulo
Secretario General de la CNBB

Visita del Papa Benedicto XVI – Sao Paulo 2007

Mayo 9 2007 a las 1:00 pm
Pedro Rodríguez Ocampo
 3 

La noticia de la canonización del beato Fray Antônio de Santa’Ana Galvão, primer santo nacido en tierras brasileñas, fue recibida con grande alegría. Normalmente, las canonizaciones son realizadas por el Papa, en Roma. Esta vez, sin embargo, Benedicto XVI abrió una excepción y va a canonizar a Fray Galvão en São Paulo, en la Misa que celebrará en el Campo de Marte, el día 11 de mayo de este año.
De hecho, el episcopado brasileño, durante la Asamblea General de 2005, en Itaici, había firmado una carta pidiendo al Papa Benedicto XVI que canonizase a Fray Galvão durante su visita al Brasil. Al recibir el pedido de manos de la Presidencia de la CNBB, el Papa se mostró particularmente interesado, observando que la canonización estaría en plena sintonía con el tema de la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y El Caribe.

La Conferencia de Aparecida, que será abierta por el Papa el día 13 de mayo, propone una reflexión sobre la identidad de los cristianos y de la Iglesia en el contexto histórico, cultural, social y religioso de nuestro tiempo y entre los pueblos de América Latina. ¿Quiénes somos nosotros y qué hacemos en la sociedad? El tema de la Conferencia indica en esta dirección: Somos discípulos y misioneros de Cristo Jesús y nuestra presencia entre los pueblos debe ser significativa, ayudándoles a tener una vida plena por medio del Evangelio de Cristo.

Fray Galvão vivió a fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Murió en 1822, el año de la Independencia de Brasil. Quería ser jesuita, pero terminó siendo franciscano. En São Paulo, se dedicó a la oración, al trabajo intenso, a predicar, a las misiones populares y a la caridad. Acogía bien a las personas, cuidando especialmente de los pobres, enfermos y personas afligidas. Desempeñó varios cargos de responsabilidad en su comunidad religiosa. Era un “hombre de Dios” y no medía esfuerzos para ayudar a las personas a acercarse a Dios. Por ese motivo, ya en vida, era venerado por el pueblo, que recurría a él en sus incontables necesidades.

Fundó el convento de Santa Clara, en Sorocaba, en una época en que las leyes del Marqués de Pombal imponían enormes restricciones a la Iglesia y a las iniciativas semejantes. Él mismo se arremangó y puso manos a la obra para construir el Monasterio de Luz, en São Paulo, donde aún hoy se abrigan las monjas de la Congregación religiosa fundada por él. La iglesia de esa edificación, en el centro histórico de la capital paulista, también guarda su tumba y se convirtió en referencia para la devoción del pueblo.

Por lo general, la religiosidad y la curiosidad popular colocan en evidencia a los santos por sus “milagros”, por eso, se recurre a él para buscar gracias y favores celestiales. La Iglesia Católica no considera que eso sea erróneo, pero recuerda que no es el milagro lo que hace que alguien se convierta en santo. En el proceso de canonización, se verifica rigurosamente si la persona tuvo una vida santa. Eso es fundamental, pues la Iglesia no “santifica” a nadie, sino que sólo reconoce y atestigua la santidad de alguien. El milagro entra solamente en la etapa final del proceso de canonización y se espera como gracia especial y confirmación divina sobre la santidad de alguna persona. De hecho, no son los santos sino Dios quien hace milagros. Decimos, entonces, que el milagro se obtiene por la intercesión de los santos, y no por un poder que ellos mismos poseen.

Los santos son grandes amigos de Dios y, al mismo tiempo, son nuestros amigos. Ellos lo fueron en esta vida y siguen siéndolo en el cielo, junto a Dios. Han sido y siguen siendo hombres y mujeres de Dios; el pueblo nota eso y recurre a ellos, por muchos motivos. No son dioses, ni deben ser confundidos con “divinidades menores en el panteón celestial”. Eso nunca fue una enseñanza del cristianismo ni de la Iglesia. Dios es único, y no es reemplazado por ningún santo. Pero está rodeado de una multitud de hijos y servidores, felices y agradecidos por haber alcanzado el objetivo de la vida, y muy interesados en ayudar a los hermanos en la tierra a llegar allí también.

En la Iglesia, los Santos ayudan a comprender mejor las riquezas del Evangelio del reino de Dios y la multiforme santidad del mismo Dios. Por ello, una persona santa también ayuda a otros a acercarse a Dios. Muchas veces, durante su vida, los santos son objeto de atenciones e incluso de veneración; pero los santos verdaderos indican inmediatamente a Dios, fuente de toda santidad auténtica. San Pío de Pietrelcina quedaba muy irritado cuando alguien se le aproximaba y cortaba pedazos de su hábito de fraile, para llevar como reliquia, y le mandaba hacer penitencia y confesarse.
Cuando la Iglesia canoniza a un santo, está diciendo que esa persona, con seguridad, está junto a Dios, en el cielo. Por eso también permite que se recurra a su intercesión y se le preste veneración. ¡Colocando en especial evidencia a algunos de sus hijos e hijas, la Iglesia invita a todos a loar a Dios por aquello que su gracia realizó en esos hermanos o hermanas! ¡Invita a observarlo y a tener el valor de seguir los caminos de Jesucristo, que llevan a Dios con toda seguridad; invita además a imitar el ejemplo de los santos y recorrer a su intercesión ante Dios, en los momentos de necesidad! Y el santo, extendiendo su mano, contesta: ¡Valor, mi hermano, mi hermana, manténgase firme en su fe, imite el ejemplo de Jesús, viva conforme los mandamientos de Dios y haga el bien siempre!

¡San Fray Galvão, rogad por nosotros! ¡Santa Madre Paulina, Beato Padre Anchieta y todos los bienaventurados hermanos y hermanas, felices discípulos y misioneros de Jesucristo, interceded ante Dios por nosotros! Amén, que así sea.

Mayo 9 2007 a las 1:12 pm

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