Ayer la agencia Fides publicó el discurso que confirió el Card. Francis Arinze, Prefecto de la Congregación para el Culto divino y la disciplina de los Sacramentos, en la conferencia litúrgica de Gateway, la cual es sumamente didáctica y recomendable por su explicación sencilla y completa de lo que ha sido el fenómeno del uso de latín y de la lengua vulgar en la Liturgia.
Cito aquí una pequeña parte de dicho discurso:
“Debería ser normal que en las parroquias dónde hay cuatro o cinco misas el domingo una de estas misas sea cantada en latín.”
“Algunos piensan, o tienen la impresión que el Concilio Vaticano II haya desanimado el utilizo del latino en la liturgia. No es así. Poco antes de abrir el concilio, el beato papa Juan XXIII en el 1962 escribió una Constitución apostólica, para insistir sobre el empleo del latín en la Iglesia. El concilio Vaticano II, aunque haya admitido una cierta introducción de la lengua vulgar, insistió sobre la importancia del latín: “Se conservará el uso de la lengua latina en los ritos latinos, salvo derecho particular” (Sacrosanctum Concilum)”
“Por lo tanto, aquellos que quieren dar la impresión de que la Iglesia haya querido sacar el latín de la liturgia se equivocan. Una manifestación de la aceptación de la liturgia latina bien celebrada por parte de las personas se ha tenido a nivel mundial en abril del 2005, cuando millones de personas siguieron en televisión las exequias de Papa Juan Paolo II y, dos semanas después, la misa de instauración de Papa Benedicto XVI.”
“Es importante el hecho de que los jóvenes acepten con gusto la Misa celebrada a veces en latín. Ciertamente los problemas no faltan. También hay malentendidos o aproches equivocados de parte de los sacerdotes sobre el empleo del latín. Pero para centrar mejor la cuestión, es necesario antes examinar hoy el empleo del vernáculo en la liturgia del rito romano.”
“En realidad podemos decir que la cosa más importante en el culto divino no es entender cada palabra o concepto. No. La consideración más importante es que nos encontramos en una actitud de reverencia y temor frente a Dios, que adoramos, alabamos y agradecemos. El sagrado, las cosas de Dios, se deben afrontar sin ideas preconcebidas. En la oración, la lengua es ante todo un contacto con Dios. Sin duda la lengua también sirve para una comunicación inteligible entre seres humanos. Pero el contacto con Dios tiene la prioridad. En la mística, tal contacto con Dios se acerca y a veces alcanza lo inefable, el silencio místico dónde cesa el lenguaje.”
“No sorprende pues que el lenguaje litúrgico difiera de algún modo de nuestro lenguaje cotidiano.”
“Se deriva que ningún individuo, ni siquiera un sacerdote o un diácono, tienen la autoridad para cambiar la dicción aprobada en la liturgia sagrada. Esto es también sentido común. Pero a veces notamos que el sentido común no es muy difuso.”
“No todos saben el latín, pero los fieles laicos pueden al menos aprender las respuestas más simples en latín. Los sacerdotes tendrían que prestar más atención al latín, celebrar de vez en cuando una misa en latín. En las grandes iglesias donde se celebran muchas misas el domingo o en los días festivos, ¿por qué no celebrar una de estas misas en latín? En las parroquias rurales una misa latina tendría que ser posible, digamos una vez al mes. En las asambleas internacionales, el latín se pone aún más urgente. De ello se deriva que los seminarios deberían prestar atención en preparar y formar a los sacerdotes también al latín”
“La lengua no es todo. Pero es uno de los elementos más importantes que necesitan atención para realizar buenas celebraciones que sean bellas y ricas de fe. “
El artículo completo lo pueden acceder aquí: Agencia Fides 20/12/2006




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