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26
Nov

Fiesta de Cristo Rey

   Escrito por: Felipe en Creer en México, Guerra Cristera

Hoy último domingo del tiempo ordinario del calendario litúrgico postconciliar, celebramos la Fiesta de Cristo Rey. Antes de esto, la fiesta se celebraba el último domingo de Octubre. De un misal de 1955, transcribo las siguientes oraciones para la misa de ese día. (Negritas y subrayado mío).

Oremus
Omnípotens sempiterne Deus, qui in dilécto Fílio tuo, universorum Rege, ómnia instauráre voluísti: concede propítius, ut cunctae famíliae Géntium, pexxáti vúlnere disgregátae, ejus suavíssimo subdántur império: Qui tecum vivit et regnat..
.

Dios omnipotente y eterno, que quisiste restaurar todas las cosas en tu amado Hijo, rey universal, concédenos propici que todos los pueblos de la tierra disgregados por la herida del pecado, se sometan a tu suavísimo imperio. Que contigo vive y reina…

Grad. Ps 71,8 et 11
Dominábitur a mari usque ad mare, et a flúmine usque ad términos orbis terrárum.
V. Et adorábunt eum omnes reges terrae: omnes gentes sérvient ei.- Allelúia, allelúia.
V. Dan., 7,14 Potéstas ejus, potéstas aetérna, quae non auferéntur: et regnum ejus, quod non corrumpétur, Allelúia.

Dominará de un mar a otro y desde el río hasta los confines de la tierra.
V. Y le adorarán todos los reyes de la tierra: todas las naciones le servirán.- Aleluya, aleluya.
V.Su poder eterno que no le será quitado, y su reino es indestructible. Aleluya

Postcomm. – Inmortalitátis alimóniam consecúti, quae sumus, Dómine: ut, qui sub Christi Regis vexíllis militáre gloriámur: cum Ipso, in caelésti sede, júgiter regnáre possímus: Qui teecum…

Gustado el manjar de la inmortalidad, te rogamos, Señor, que cuantos nos gloriamos de militar bajo las banderas de Cristo Rey, lleguemos también a reinar constantemente con El en la gloria celestial. Que contigo…


San Jenaro Sánchez

Padre Jenaro Sánchez.JPG“A todos les dejaron libres menos al Padre Jenaro quien fue conducido a una loma cercana a Tecolotlán y en un árbol prepararon la horca. El Padre Jenaro colocado en el centro de la tropa, con heroica serenidad les habló:

«Bueno, paisanos, me van a colgar; yo les perdono, que mi Padre Dios también les perdone y siempre viva Cristo Rey».

Los verdugos tiraron la soga con tal fuerza que la cabeza del mártir pegó fuertemente en una rama del árbol. Poco después murió en aquella noche del 17 de enero de 1927. La saña de los soldados continuó y en la madrugada regresaron, bajaron el cadáver, le dieron un tiro en el hombro y una puñalada que casi atravesó el cuerpo inerte del testigo de Cristo.”

Sanctus Jenaro Sánchez: Ora pro Nobis

Tags: Historia

Este artículo fue publicado el Domingo 26 de Noviembre del 2006 a las 3:13 am; categorizado en: Creer en México, Guerra Cristera. Puedes dejar una respuesta después del último comentario. También puedes seguir las respuestas por medio de RSS 2.0 o bien por correo electrónico escribiendo tus datos y marcando la casilla al final de esta página.

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3 comentarios hasta ahora

Francisco Javier Cervigon Ruckauer
 1 

El Papa Pío XI, al introducir en la Liturgia de la Iglesia en el año 1925 al final del Año Santo la Festividad de Jesucristo Rey, en la Encíclica Quas Primas, exhorta a que se procure acomodar la doctrina sobre la Realeza de Cristo a la inteligencia de los receptores, a fin de que su conocimiento produzca sus mejores y cada vez mayores frutos. La dificultad creo que no radica en entender el reinado de Cristo, sino en vivirlo, no obstante trataré de condensar en algunos argumentos.
Sigo la pauta señalada por Pío XI en la dicha Encíclica Quas Primas, y con la ayuda de Dios y vuestra benévola atención, querida familia espiritual del pasado, del presente y del futuro por decreto dei desde toda la eternidad, os expondré del modo habitual cómo Jesucristo, Dios, es Rey por derecho, y más en concreto por derecho de herencia, por derecho de conquista y por derecho de elección.
¿De herencia? Sí. Antiguamente, cuando elevados personajes iban a un lugar donde había personas, individuos o súbditos (según fueran considerados por el poder temporal) le precedían heraldos que anunciaban su ya próxima aparición. También antes de la proclamación, antes de establecer oficialmente la Iglesia la festividad de la realeza de Jesucristo, fue pronunciada. En el Evangelio de san Juan leemos, más o menos, algo así: “En el principio era ya el Verbo y el Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios (…) Por él fueron hechas todas las cosas y sin él no se ha hecho cosa alguna de cuantas han sido hechas”. Las citas son aproximadas.
Como el artista tiene derecho sobre sus obras así el Creador lo tiene sobre sus criaturas. No es demostración, pero es una analogía, y la analogía es una de los asuntos más importantes de la Filosofía. Por la creación, Jesucristo es Rey del mundo. El hijo primogénito de los reyes de este mundo suelen tener el arbitrario derecho a sucederle; en circunstancias normales la corona le pertenece. Jesucristo como Unigénito del eterno Padre, debe reinar en el mundo.
En el salmo 2 le dice el Padre Celestial, el Único: “Pídeme y te daré las naciones en herencia, y extenderé tu dominio hasta los extremos de la tierra”.
Y en en el Salmo 23 exclama el real profeta David, divinamente inspirado: “Levantad, príncipes, vuestras puertas, y elevaos vosotras, oh puertas inacabables, y entrará el Rey de la gloria (…) ¿Quién es ese Rey de la gloria? Pues es el Señor fuerte y poderoso”. Y vuelve a repetir: “Levantad, oh príncipes, vuestras puertas y elevaos, oh puertas eternas, y entrará el Rey de la gloria”. ¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor de los ejércitos, ése es el Rey de la gloria”.
El profeta Isaías, prenunciándolo, pronosticándolo, profetizándolo, o como quiera decirse, dice que “lleva sobre sus hombros el principado o la divisa del Rey, y tendrá por nombre el Admirable, el Consejero, Dios, elPríncipe de la Paz”. El Arcángel san Gabriel al ofrecer, de parte de Dios, a la Santísima Virgen la maternidad divina le dice: “Darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús. Éste será grande y será llamado Hijo del Altísimo. Al cual el Señor Dios dará el trono de su padre David y reinará en la casa de Jacob eternamente, y su reino no tendrá fin” (san Lucas, 1).
Y en el Apocalipsis de san Juan, éste nos dice que vio un caballo blanco y al que estaba montado sobre él… y tiene escrito en sus vestiduras y en el muslo: “Rey de Reyes y Señor de los señores”.
¿Por derecho de conquista? El Papa Pío XI, al desmenuzar los argumentos en que se apoya la doctrina de la realeza de Jesucristo, hace hincapié especial en que, según san Cirilo de Alejandría, Jesucristo obtiene la dominación de todas las criaturas, no arrancada por la fuerza ni tomada por ninguna otra razón, sino por su misma esencia y naturaleza. En el argumento nos dice el Papa que se deriva de la unión hipostática. Como habréis ya observado, es una delicia aprovechar las oportunidades de ahondar en estas verdades fundamentales, en estos dogmas regeneradores de la verdadera y sólida piedad, entreteniéndonos en discurrir sobre ellos, para ayudar a robustecer nuestras creencias y a ser conscientes de que la fe tiene fundamentos muy sólidos y que la misma razón natural descansa tranquilamente en ellos. Intensifiquemos nuestra atención para saborear estas verdades tan sublimes.
Veamos el argumento que se deriva de la unión hipostática.
Los teólogos definen la Encarnación aproximadamente así: la unión hipostática de la naturaleza humana y la divina en la única Persona divina del Verbo, de cuya unión resulta Jesucristo. En Jesucristo hay una sola Persona divina, pero dos naturalezas: la divina que tiene desde toda la eternidad con el Padre y el Espíritu Santo y la humana, igual que la tuya y que la mía, que asumió en el momento de la Encarnación hace más de mil años.
Es un principio de filosofía que las acciones se atribuyen a la persona. Así, cuando alguien comete un delito, nunca se dice: tal cuerpo o tal alma hizo esta acción o la otra, sino que el mérito o el demérito se atribuyen a la persona.
Decimos que en Jesucristo existen, están, dos naturalezas: la divina y la humana. Por razón de su naturaleza divina, Jesucristo es impasible, inmortal, gozó y gozará siempre de la visión beatífica; por razón de su naturaleza humana padeció y murió en la cruz.
Según un principio luminoso de la Teología, la ofensa se mide por la persona ofendida. En Adán estábamos todos solidarizados, representados. Pecando Adán y en él nosotros, como en nuestra cabeza, ofendimos a Dios. La ofensa, pues, fue infinita, por ir contra el mismo Dios.
Toda ofensa exige, reclama, una reparación.
El honor, la reparación, se mide, según otro principio teológico, por el que la ofrece. Todos los ángeles y todos los hombres reunidos, no son capaces, no pueden ofrecer a Dios una reparación adecuada, puesto que la ofensa fue infinita y los hombres, individual y colectivamente son finitos. Éramos incapaces de reparar, como se debe, como el Señor tiene derecho, la ofensa.
Al asumir el Verbo, la segunda persona de la Santísima Trinidad, el Hijo, la naturaleza humana, que se unió hipostáticamente a la naturaleza divina en la única persona divina del Verbo, estaba en condiciones, se puso ya en condiciones de poder padecer, de poder sufrir; y, como se dice en la filosofía tradicional, las acciones se atribuyen a la persona, lo mismo los actos propios de la naturaleza humana que los propios de la naturaleza divina de Jesucristo, se atribuyen, deben atribuirse, a la única Persona de Jesucristo que es divina, cuyos actos son de mérito, de valor infinito. Infinito no es cualquier cosa; infinito es infinito.
Veamos algunas consecuencias de esto. Con una sola gota de su sangre, derramada en el momento de su circuncisión, con un solo acto de amor en el momento de la Encarnación, o en su Nacimiento en Belén, ofrecidos al Padre Celestial para reparar la deuda, la ofensa recibida de Adán, ésta quedaba cancelada, quedaba absolutamente pagada; porque si la ofensa fue infinita, por razón de la persona ofendida, que es Dios, la reparación también es infinita, porque el que la ofrece es también Persona divina, el Hijo. Y si todos pecamos en Adán, también todos hemos sido redimimos en Jesús, que nos representaba en la misma naturaleza que asumió.
Y como Jesucristo no se contentó con derramar una sola gota de su sangre y ofrecerla al Padre Celestial en rescate de la humanidad, sino que le ofreció hasta la última gota de su preciosísima sangre en el ara de la cruz, como Jesucristo no se contentó con ofrecerle en reparación un solo acto de amor en su corazón, sino todos sus actos en los treinta y tres años de su vida mortal en reparación de la ofensa de Adán, de ahí se sigue que la Redención fue sobreabundante. Con expresión certera y sublime y lapidaria el apóstol san Pablo dice que “en donde abundó el delito (en Adán) sobreabundó la gracia (en Jesucristo)”, puesto que pagó más de lo que habíamos ofendido, de lo que debíamos.
Y de ahí la frase atrevida y valiente de san Agustín que la Iglesia ha introducido en su Liturgia, en el Prefacio de Sábado Santo, presagiando ya la Resurrección:
Oh felix culpa, quae talem et tantum meruit nos habere Redemptorem, que como tod@s sabemos, significa: ¡Oh feliz culpa la de Adán, que nos ha merecido un tal y tan grande Redentor!
- ¡Águila de Hipona, abaja el vuelo! ¿Feliz culpa llamas a la de Adán?
- Sí, porque nos ha merecido un tan y tan grande Redentor, porque ha cancelado sobreabundantemente la deuda.
Y notemos, profundicemos en esta mina de oro de tan subidos quilates. Y veamos, descubramos otro filón, y vayamos al fondo. El Hijo de Dios no asumió una persona, sino una naturaleza, la humana, porque en el primer caso sólo habría redimido aquella persona, aquel individuo particular, mientras que ahora ha redimido la naturaleza humana, a toda la humanidad.
Dime con quien andas y te diré con quien vas. En Adán estábamos solidarizados todos por ser la cabeza de todo el género humano; también en Jesucristo, el nuevo Adán que vino a reparar la caída del primero. ¡Cómo aparece aquí la sabiduría infinita de Dios, que presidió la obra de la redención!
Y como que la especie humana es única, porque todos venimos de Adán, y las diferencias que se notan en el color, forma, estatura, tamaño, inteligencia, deben atribuirse a los genes, al clima, alimentación, clases de vinos, sectas, influencias, estado de civilización, Estado de derecho, etc. de los diferentes países, se sigue que lo mismo el coreano del norte que el del sur, los vietnamitas del norte que los del sur, lo mismo los indios que los japoneses, lo mismo los rusos que los norteamericanos, lo mismo los chinos continentales que los de Formosa; lo mismo los esquimales que viven en celdas de nieve congelada en los polos que los habitantes del Ecuador, los argentinos que los uruguayos, los judíos que los palestinos, los israelíes que los árabes, los españoles de Albacity que los ingleses y los alemanes de Alemania, en una palabra, todos, absolutamente todos los seres racionales que poblamos el mundo, procedemos de Adán y hemos sido redimidos, reconquistados por Jesucristo; y esto todos sin excepción alguna.
Resumiendo: al entregar Jesucristo en la cruz, como rescate, como precio, su naturaleza humana, redimía, compraba la naturaleza humana que todos tenemos.
Y como consecuencia lógica y legítima que se desprende de estos principios, las palabras de san Pablo: “Luego ya no sois vuestros, sino de Cristo”, y las de san Pedro “no hemos sido redimidos con oro, ni con plata corruptible, sino con la sangre preciosísima de Nuestro Señor Jesucristo”.
Es pues, Jesucristo, Rey por derecho de conquista, no sólo de los católicos, no sólo de los cristianos, sino también de tod@s, porque por tod@s ha muerto en la cruz, y por tod@s ha pagado el rescate al Padre Celestial.
Como en no pocas ocasiones, en tiempos del Imperio Romano, en pleno campo de batalla, después de una victoria decisiva sobre el enemigo, el ejército proclamaba emperador al general triunfante y éste hacía su entrada entre aclamaciones, ovaciones y vítores en la capital del Imperio; así Jesucristo, triunfante en la Cruz sobre todas las potestades infernales merece, por estricta justicia, ser proclamado y aclamado por derecho de conquista Rey de todo el mundo y que los ángeles en la Ascensión de Jesús repitan de nuevo con el salmo: “Levantad, oh príncipes vuestras puertas y elevaos, puertas de la eternidad, y entrará el Rey de la gloria. ¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor de los ejércitos es el Rey de la gloria”.
¿Rey por derecho de elección? Sí. Veamos. Al entrar en la Iglesia, por medio del Bautismo o al renovar después las solemnes promesas del Bautismo, nos sujetamos libre y espontáneamente al Imperio de Jesucristo, que es el Rey supremo de la Iglesia. Como consecuencia, Jesucristo tiene pleno y perfecto derecho a reinar en todas las inteligencias por la verdad y en todos los corazones por el amor y la caridad y no sólo en el orden individual, sino también en el orden familiar, reinando en las relaciones prematrimoniales y conyugales y procurando regular la vida familiar por la ley de Cristo, sin oponerse jamás a los fines primordiales ni secundarios del matrimonio, ni tomando anticonceptivos, ni apelando a procedimientos abortivos, ni al amancebamiento, ni a adulterios, aunque parlamentos y agrupaciones políticas o autoridades los despenalizaran o los permitieran.
Jesucristo es Rey, no sólo de los individuos, de las personas, de las familias, de todas las obras, corporaciones, de todas las entidades y de la sociedad entera. Jesucristo tiene derecho a reinar con pleno derecho a que el espíritu del evangelio entre no sólo en la enseñanza religiosa, base y fundamento de todo, sino incluso en toda clase de artes, ciencias y todo tipo de educaciones para las ciudadanías. Jesucristo es Rey y debe reinar a fin de reconocer todos la dependencia y rendir el honor debido a Aquel “Rey de los reyes y Señor de los señores”.
Su reinado es universal. Jesucristo debe reinar. “Por mí los reyes, reinan y los legisladores decretan, dan las leyes justas”, dicen el libro los Proverbios. Si así lo hacéis, se les dice, que Él os lo premie, si no, que os lo demande.
Oportunísimo sería, para completar el cuadro, probar que Jesucristo es Rey por tener la triple potestad: legislativa, judicial y coactiva, pero sólo lo tocaré de paso, por si acaso, condensando el argumento, en honor a la brevedad y prudencia.
Tiene Jesucristo la potestad legislativa, esto es: el poder de dar leyes; la potestad judiciaria a saber: la de juzgar a los culpables, y la potestad coercitiva, que consiste en el poder de imponer una sanción, un castigo a los transgresores, como consta en diversos pasajes y textos del Evangelio.
Cabe aquí esta pregunta ¿Jesucristo es Rey temporal y de todo el mundo? La sentencia más común entre los teólogos es: que es Rey en cuanto al derecho; que tiene perfectísimo derecho a serlo; pero que ha renunciado al uso y al ejercicio de este derecho según las palabras consignadas en el Evangelio “Mi reino no es de este mundo”. Su reinado quiere ejercitarlo en las almas, iluminándolas, moviéndolas, robusteciéndolas, uniéndolas por la caridad, por el Amor, entre sí, a Él y a su Padre, quiere que su reino sea espiritual, sobre su Iglesia, a la cual rige y gobierna por la Jerarquía, que Él ha instituido, enviándole el Espíritu Santo; su reinado quiere que se extienda a toda la sociedad civil, en cuanto se esfuerza en difundir su espíritu evangélico en los príncipes y legisladores, usando de su derecho de procurar que la sociedad, sea gobernada según los principios de la ley cristiana.
Al presentar Jesús a los judíos, Pilatos les dijo: “Aquí tenéis a vuestro Rey”. Pero ellos, sobornados por los escribas y por los fariseos, respondieron: “Quítale, quítale de en medio y crucifícale”.
Termino con una llamada ardiente, sentida y cordial a la reparación y al recuerdo de tantos hermanos que sufren, por el nombre de Cristo, en una época en que tanto se proclaman los derechos humanos y en que tanto se alardea de democracia y de libertad. Asomémonos un poco: hay gobernantes que continuamente parece que están clamando “quítale a Jesucristo, quítale, no queremos que reine sobre nosotros”, “crucifícale, crucifícale”. Y realmente he visto lo han quitado de los hospitales, de los colegios, de los tribunales, y parece que quisieran arrancarlo, si pudieran, del corazón de todos los ciudadanos. Y no sólo lo han quitado, lo han expulsado, sino que lo han crucificado; le han perseguido en la persona de los cristianos. Cuando cayendo Saulo oyó la voz que le decía:
- Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?
- ¿Quién eres tú?
- Soy Jesús de Nazaret a quien tú persigues.
Un escritor clásico español bien conocido, Luis de la Palma, en Historia de la Pasión, nos dice que Jesús se siente perseguido en la persona de los cristianos perseguidos. Cuando las llamas tostaban a san Lorenzo colocado encima de la parrilla, o san Esteban era apedreado por los judíos, Jesús se sentía atormentado en la persona de san Lorenzo o san Esteban como en los cristianos perseguidos por Saulo. Jesucristo, Rey, se siente expulsado, y se siente atormentado, y esto a pesar de tantos foros internacionales en que se proclaman y defienden los derechos humanos, la libertad y la democracia, no reconociendo derecho alguno a Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Acordémonos de nuestros hermanos que sufren de dentro y de fuera, acordémonos en nuestras oraciones, sacrificios y mortificaciones y desagravios de que Jesucristo tiene derecho a reinar sobre todo el mundo, sobre todas las razas y continentes por derecho de herencia, por derecho de conquista y por derecho de elección que de Él hicieron muchos de los perseguidos, y aun de los perseguidores, y pidámosle que caiga sobre los perseguidores la sangre que Jesucristo derramó también sobre ellos como signo de Redención y como bautismo de penitencia y de perdón y de conversión.

Francisco Javier Cervigon Ruckauer

Noviembre 25 2007 a las 12:05 pm
Pablo
 2 

Estimado Francisco Javier Cervigon Ruckauer,

Sí, Cristo ha derramado su sangre para salvar a todos los hombres que se CONVIERTEN en Católica. ¿Y qué decir de Su Sacerdocio en el orden de Melchizedek?

Noviembre 25 2007 a las 3:37 pm
Daniel
 3 

aui en donde vivo tenemos la dicha de tener los restos-reliquias de este gran mártir, y aun mas que haya sido vicario y tambien tenemos la dicha de tener un santo nacido de esta población
San José Sabás Reyes salazar

Diciembre 27 2009 a las 3:52 am

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