El Cardenal Jean-Pierre Ricard ha hecho declaraciones en rueda de prensa con el marco de la Asamblea de la Conferencia Episcopal Francesa. En ella ha tocado 4 temas, el último de ellos es el referente a la posible liberación de la Misa Tridetina.
El sitio oficial del encuentro reporta lo siguiente:
El arzobispo de Burdeos hizo referencia al anuncio de los medios de comunicación, de una posible liberación de la autorización de celebrar la misa de antes de la reforma conciliar, y que se sabe que sucitó una cierta emoción entre los sacerdotes y los laicos.“Esto ha tomado una dimensión fantasmal”señaló el Cardenal: “en primer lugar porque el latín no ha desaparecido jamás, por otra parte porque la misa de Pablo VI a veces se dice en latín, en particular en algunos monasterios, finalmente porque ¡no es la cuestión imponer la misa tridentina a todos los fieles!.”
“En resumen, no se trata de una vuelta atrás. La cuestión consiste en saber si es necesario abrir aún más las condiciones para que la misa según el misal de 1962 sea celebrada” continuó antes de mencionar su encuentro el 26 de octubre pasado con el papa Benedicto XVI. “Su deseo es hacer todo lo que está en su poder para poner fin al cisma lefebvrista. Sabe que cuantos más años pasan, las relaciones se dilatan y las posiciones se endurecen. el papa desea hacer lo posible para tender la mano y manifestar una recepción, al menos a los que sean de buena voluntad y que manifiesten un profundo deseo de comunión. Un deseo que no ponga en entredicho el compromiso en pro del Concilio Vaticano II. No, la iglesia no cambia su curso. Contrariamente a las intenciones que ciertos grupos pretenden, el papa Benedicto XVI no intenta volver de nuevo sobre el camino que el Concilio Vaticano II le ha dado a la Iglesia. El está comprometido solomnemente.”El Cardenal Ricard hizo incapié en el deseo del papa de no interrumpir las consultas. “El proyecto del motu proprio va a ser objeto de distintas consultas. Podemos comunicar, desde ahora, nuestros temores y nuestros deseos”
Existen algunos elementos que yo resaltaría de dicha declaración, primero que nada y aunque pareciera obvio, el cardenal confirma la preparación del motu proprio, y dada su reciente audiencia en Roma, nos daría la certeza necesaria que si existe la intención del papa de hacer algo al respecto.
Por lo que el puede conocer, Benedicto XVI está decidido a hacer lo que pueda para terminar con el cisma lefebvrista, y esto seguramente es el verdadero temor de los obispos franceses. En mi opinión no temen que sus fieles regresen a las parroquias a escuchar las misas en latín, en realidad dudo que la bandera del Concilio Vaticano II sea su más profunda preocupación. Su temor es que saben que el papa pretende crear una Administración Apostólica para los tradicionalistas y que tal como el mismo Ricard declaró al terminar la reunión de los obispos franceses en Abril esto implique un riesgo para su autoridad.
“Nuestros intercambios muestran que muchos obispos están preocupuados acerca de la conciliación y la bienvenida de la diversidad y la salvaguarda de la unidad de la iglesia Diocesana. ¿Cómo reconocerán el lugar en la iglesia para una diversidad de sensibilidades litúrgicas y motivaciones eclesiales sin con eso contribuir al nacimiento de Iglesias paralelas que pudieran no tener relación unas con otras? (…) Es por esto que establecer una estructura jurídica que pueda entablar el riesgo de perder las relaciones de la total afiliación de estos fieles en particular con su Iglesia diocesana, no nos parece oportuno”
Cabe señalar que pese a estas declaraciones, en Septiembre desde el Vaticano se estableció el Instituto del Buen Pastor en la mismísima diócesis de Ricard y sin que este se enterara sino hasta un día antes.
Así pues, el temor es que nuestro querido Ratzinger los pusiera “a competir” con la estructura de la Administración Apostólica. Y como dijo con cierta ironía a I Media el Arzobispo Ranjith, Secretario de la congregación del Culto Divino: “Al final, la gente asistirá a la Misa Tridentina y nuestras Iglesias se vaciarían”.
En general, todas estas referencias que ha hecho Ricard en los últimos días, parecen más bien un mensaje de consolación y resignación para los obispos franceses que una crítica o defensa hostil hacia Roma. Sus expresiones hablan de un hecho que pareciera irreversible y quizá entiende de su responsabilidad ante lo que pudiera ser una situación propensa al cisma, pero ahora modernista.
Considerando la incómoda situación y el daño a su imagen pública que le pudo haber ocacionado la forma como se estableció el Instituto del Buen Pastor, la proyección concilatoria del Cardenal me parece loable.
Al final de cuentas no me gustaría estar en los zapatos del Cardenal Ricard, es entendible que se encuentra atrapado entre la presión de la conferencia episcopal de la cual es presidente y de la resolución del Vaticano para fortalecer a las sensibilidades tradicionalistas en la Iglesia. Oremos por el también.

señaló el Cardenal: “en primer lugar porque el latín no ha desaparecido jamás, por otra parte porque la misa de Pablo VI a veces se dice en latín, en particular en algunos monasterios, finalmente porque ¡no es la cuestión imponer la misa tridentina a todos los fieles!.”


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