Con esas palabras comienza el sacerdote la Misa Tridentina después del Signo de la Cruz “Me introduzco al Altar de Dios”.
La Misa Tridentina, para los que no lo saben, es el ritual que se utilizaba prácticamente hace más de mil quinientos años (¡!)en la Iglesia católica, que nos llegó hasta el siglo XX y que fué cambiado totalmente a partir de la reforma litúrgica posterior al concilio Vaticano II. De dicha reforma surgio el llamado Novus Ordo, que es el orden de la misa tal y como la podemos presenciar cualquier día en cualquier Iglesia.
La misa tridentina tiene prácticamente el esquema que Gregorio I (590-604)formuló en su “Liber Sacramentorum” y que Pablo V (1566-1572) se encargó de codificar de forma definitiva en el Misal Romano después del Concilio de Trento (de ahí su nombre).
Más allá del cambio en la lengua de la liturgia, del latin a la lengua vernácula, en muy buena medida la diferencia en el Novus Ordo responde a una mentalidad mucho más racionalista de la época, de tal forma que los simbolísmos y la acentuación mística dio paso a un enfoque prioritario en la remembranza y en la comunidad y en todo como un proceso racional.
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