Religión y política en el México
Estos últimos días se le ha dado cobertura en los medios al discurso pronunciado por Carlos Monsivais en la entrega de los Premios Nacionales de Ciencias y Artes, en donde entre otras cosas mencionó:
“El tiempo me obliga a concentrarme en un tema. Por su importancia cultural definitiva, elijo el laicismo, primordial desde el siglo XIX: El conjunto de hechos que va de la separación de la Iglesia y el Estado y se dirige a la construcción de la modernidad”
“Trascender hacia un marco de libertad religiosa integral no habrá de ser sino una consecuencia, desde mi punto de vista muy afortunada, siempre y cuando sea incluyente, en el marco del Estado laico. México ha sido un Estado laico que respeta las creencias de la población”
Citó Monsivais las palabras del Secretario de Gobernación en un discurso del Domingo 29 de enero: “Volver a la religión como el espacio de la formación de valores. Es necesario recuperar, con absoluta libertad de credos, a la religión como el espacio que propicie la vinculación, la revinculación del ser humano con su destino trascendente para que le dé sentido a los valores éticos que han de comprometer su existencia diaria”
“Es por lo menos insólito, un secretario de Gobernación que, apenas toma la palabra, instala su púlpito verbal, como ciudadano y creyente, Abascal está en su perfecto derecho de proclamar las ventajas de la fe. Como secretario de Estado, no. Porque no hay tal cosa como un señor que si vigila el proceso electoral es laico, y (luego) deja de serlo. Olvida por completo la estructura ética de la institución en donde devenga su salario.
“El laicismo respeta todos los credos, pero no acepta el retorno a un dogma religioso como un criterio único, muy probablemente para que no se acuse al país de clonar el siglo XVII” terminó Monsivais su discurso.
Nadie puede estar en desacuerdo en que el discurso mantiene un tono hostil y principalmente contra Carlos Abascal, pero afortunadamente más allá del envoltorio cómico que este respetado cronista gusta imprimir, su argumentación abre nuevamente el debate de lo que significa el laicismo en México.
Sin embargo todo parece indicar que este no era el objetivo de la exposición, para una buena parte de los literatos y juristas que alcanzaron sus días de gloria en las décadas pasadas, el tema de la forma en que se vive el laicismo en el país es un tema cerrado y cualquier cuestionamiento a éste es sinónimo de una actitud extremista encaminada a terminar con siglo y medio de extraordinaria praxis republicana.
Por fin, desde días remotos se puede desmitificar este tema, la gente común y corriente no se espanta de saber que el presidente va a Misa o que el secretario de gobernación es muy católico. En realidad es ilógico que en uno de los países más religiosos del mundo la simple palabra “religión” le esté prohibida a los gobernantes, ya no se diga “retomar la religión como espacio para la formación de valores”. Me gustaría leer una Realidad Novelada de Sánchez Zolliker en donde por decreto se les prohibiera a los gobernantes mexicanos opinar sobre las tortillas de maíz, así de ilógico me parece.
Y si Monsivais se lució demasiado cómico, algunos editorialistas haciendo gala de sus “equilibrados juicios” salieron al rescate. Solo por citar uno:
Enrique del Val Blanco El Universal 02-Febrero-2006
“¿Qué pretenden estos herederos trasnochados del sinarquismo mexicano? ¿Hasta dónde quieren llevar su irresponsabilidad e incapacidad política que cubren con la necesidad de amor a Dios? Que lo amen cuanto quieran, pero que en los asuntos de la gobernación de este mundo al único dios que deben adorar se llama Constitución política y las leyes que de ella emanan.
No han entendido que desde la época del presidente Juárez lo que mejor ha garantizado y garantiza el espacio de la religión, cualquiera que ella sea, es un Estado democrático y laico.
Tampoco han entendido, y por ello resulta preocupante, que no atienden lo que claramente dijo su fundador, al mencionar que “su reino no era de este mundo”. Dejen pues de intervenir en el mundo real y concrétense al mundo ideal que con diversas fábulas e historias han creado.
Por lo menos en este año del bicentenario del natalicio de Benito Juárez deberían ser prudentes y cerrar la boca en los temas de religión. Es lo único que comedidamente les pedimos a tan católicos funcionarios. “
En fin, que se demuestra que uno de los grandes intentos de los gobiernos revolucionarios fue simplemente instaurar su ideología en el lugar de la religión, al final de cuentas si bien la Reforma pudo haber traído beneficios al país, tampoco fue la panacea ni acabó con la corrupción pero mucho menos, mucho menos acabó con la coerción hacia el grueso de la sociedad quien ahora debería rendirle tributo al dios estado que ni siquiera era elegido democráticamente y se aprovechaba de el.
Estos llamados hostiles solo dejan ver la peor cara del absolutismo laicista que poco ayudan a construir un consenso sobre el tema, lo bueno es que México está cambiando.